Martín Kano: Escuchar con el Corazón
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Por Hernán Rago
Productor e ingeniero de sonido argentino con 20 años de trayectoria internacional, Martín Kano combina rigor técnico y “buena onda” para crear desde sus primeras mezclas en home studio hasta masterclasses con leyendas como Geoff Emerick. En esta entrevista repasa sus inicios en la Patagonia, su método de trabajo, colaboraciones con figuras como Charly García y Ke Personajes, y proyectos que van del folclore peruano de Milena Warthon a la música ranchera de Julián Álvarez, al tiempo que reflexiona sobre el futuro del audio en la era de la IA.
¿Cuándo sentiste que lo tuyo era el sonido y la música?
Creo que lo sentí desde chico. La pasión por la música, para mí, viene de fábrica. Así como otros nacen con la pasión por el fútbol o por algún deporte, lo mío siempre fue la música. El sonido, en cambio, fue una construcción: a medida que fui creciendo en mi carrera como músico, empecé a interesarme cada vez más por cómo sonar mejor, por lograr un audio de calidad. Eso me llevó a explorar, a estudiar, a escuchar mucho, a probar, a fallar, y aprender.
¿Cómo fue tu formación y tu entrada al mundo profesional?
En 2003 estaba viviendo en la Patagonia, en Cipolletti, Río Negro, y decidí mudarme a Buenos Aires con el objetivo claro de formarme en audio profesional y producción musical. Estudié en la EMBA entre 2003 y 2005. Cuando ingresé no sabía absolutamente nada del mundo técnico: era músico, tenía mi banda, pero no conocía ni una consola ni cómo funcionaba un micrófono. Fue una etapa de mucho aprendizaje: ahí entendí los fundamentos del audio, la grabación multipista, la mezcla, la importancia del ruteo de señal, la acústica. Fue un gran punto de partida.
¿Quiénes fueron tus referentes o maestros en este oficio?
La verdad es que no tengo un único referente o maestro. Creo que uno se va construyendo a partir de pequeñas cosas que absorbe de cada colega, productor o ingeniero con el que se cruza. Es como un Lego: cada pieza representa una influencia, una técnica, una mirada sobre la música o el sonido que te va formando. Me cuesta citar nombres sin dejar a alguien afuera, porque el crecimiento fue colectivo, indirecto y constante.

¿Con qué artistas tuviste la oportunidad de trabajar?
A lo largo de estos 20 años de carrera tuve la bendición de trabajar con artistas de distintos géneros y países. Me gusta mucho colaborar con músicos independientes, pero también he trabajado con artistas consagrados. En Argentina, tuve la suerte de participar en proyectos con Charly García, Alejandro Lerner, Hernán Cattáneo, Benjamín Amadeo, The Sistars, Ke Personajes, Rescate, Soundexile ft. Richard Coleman, Sonic Sile. También colaboré con marcas como Budweiser, Sony Music y La Voz Argentina. Seguro me estoy olvidando de algunos, pero la lista es larga y la memoria a veces no acompaña.
Ganaste varios premios importantes: ¿qué significan para vos? ¿Sentís que marcaron un antes y un después en tu camino?
Los premios, para mí, son como una palmada en la espalda. No creo que marquen un antes y un después, pero sí te motivan. Esta es una carrera exigente, donde ponés muchas horas, energías y emociones. Hay días en los que te preguntás: ¿vale la pena? Y cuando recibís un reconocimiento, es como una señal que te dice “seguí, vas bien”. Pero no te cambia la vida. La carrera del ingeniero o del productor se construye todos los días, sesión a sesión. Los premios son como decoraciones, no el motor.
¿Tenés alguna filosofía o método para abordar las etapas de grabación, mezcla o mastering?
Sí, la buena onda. Parece simple, pero es clave. Que el artista sienta que estás ahí para dar lo mejor, que vas a sumar, a aportar, a escuchar y a proponer. No tengo una filosofía técnica fija porque cada artista, género y sesión es distinta. No es lo mismo grabar una banda de rock en vivo que una producción urbana por capas. Cambian las técnicas, los micrófonos, la compresión, la forma de editar. Lo que intento es adaptarme, sin rigidez, pero siempre con una buena energía y una escucha activa.
Más allá de los fierros, ¿cuánto pesa el factor humano en una buena sesión?
Muchísimo. Puedo entrar a un estudio lleno de equipamiento analógico, con una gran consola, compresores valvulares, monitores de referencia espectaculares… pero si el ambiente humano es frío o tenso, no sirve. Cuando el lugar huele bien, vibra bien, hay olor a válvula caliente y la gente está cómoda, se genera magia. Es muy importante que el artista se sienta en casa, en confianza. Si no, no hay toma que lo salve.
¿Te sentís más cómodo en estudios grandes, con consolas analógicas, o preferís entornos más chicos y digitales?
Depende. Amo los estudios grandes, con historia, donde sabés que grabaron leyendas. Eso genera mística e inspira. Pero también me siento cómodo en home studios bien armados. Hoy, muchos discos exitosos se producen en espacios pequeños, y está bien. Lo que importa es el entorno emocional: si hay buena vibra, buenos auriculares, una buena interfaz y alguien que sepa operar, se puede hacer magia en cualquier lado.
¿Hay alguna cadena de señal que sientas como propia, o algún equipo que siempre llevás con vos?
No tengo una cadena fija, pero si voy a grabar pop o música urbana, me encanta cuando hay un Sony C800G como micrófono, un Neve 1073 como preamplificador y un Tube-Tech CL1B como compresor. Esa es la cadena clásica del pop moderno: limpia, cálida y muy detallada. Entre los tres equipos tenés más de 30 mil dólares, pero suenan como lo que valen.

¿Qué diferencias notás al mezclar para vinilo, CD o plataformas digitales?
En mi experiencia, no hay grandes diferencias. Por ejemplo, el disco Future Memories de Hernán Cattáneo y Soundexile, lo mezclamos de forma totalmente analógica en el estudio El Búho, con mi amigo Diego Vázquez. Esa misma mezcla fue a plataformas y también salió en vinilo. Tal vez haya ajustes mínimos, como la gestión de bajos en el corte para vinilo, pero en mi flujo de trabajo no lo vivo como algo radical.
¿Hay alguna sesión o disco que te haya marcado especialmente, desde lo técnico o lo personal?
Tuve muchas sesiones que me marcaron, pero sobre todo me pasa cuando se conjugan los dos factores: lo técnico y lo humano. Hay proyectos que, aunque quizás no hayan sido los más grandes en términos de producción, me dejaron aprendizajes enormes por la conexión con el artista o por el desafío técnico que implicaban. Cada disco enseña algo.
Trabajaste con artistas de estilos muy distintos. ¿Qué aprendizajes te dejó esa diversidad?
Sí, me tocó producir o mezclar música electrónica, trap, pop, jazz… y creo que hay una frase que dice: “en la diversidad está la diversión”. Es tal cual. Cada género tiene su lenguaje y su forma de producción, desde la forma de grabar hasta cómo se edita o mezcla. Y todo suma. Además, te prepara para un mercado cambiante: si mañana el trap pasa de moda y vos no sabés microfonear una batería o grabar cuerdas, te quedás sin herramientas. Por eso, siempre les digo a mis alumnos que hay que estar preparados para todo.
¿Cómo manejás el equilibrio entre la visión del artista y tus decisiones técnicas o estéticas?
Entendí que en el estudio lo único que importa es el artista y su canción. Toda mi formación, mi oído, mis herramientas, están al servicio de lo que esa persona quiere expresar. Muchas veces el artista no tiene el vocabulario técnico, pero te dice: «quiero sonar más opaco», «más azul», «más vintage». Y uno tiene que interpretar eso y convertirlo en decisiones concretas: ecualización, tipo de compresión, reverbs, paneo, lo que sea. Ahí está el verdadero rol del ingeniero.
¿Qué cambió en el rol del ingeniero de sonido con la evolución tecnológica de estos años?
Cambió muchísimo. Yo empecé en los 2000, cuando aún se trabajaba con muchas cadenas analógicas. Hoy, la mayoría mezcla in the box. Incluso ingenieros icónicos como Michael Brauer, que mezclaba 100% con hardware, vendieron todo y ahora trabajan completamente en digital. La IA también está entrando fuerte: ya hay asistentes de mezcla que ecualizan, comprimen y hasta masterizan. Yo creo —y quizás suene apocalíptico— que en unos 10 años nuestra profesión como la conocemos va a estar en jaque. La IA puede automatizar muchas tareas, y vamos a tener que redefinir nuestro rol.
Tenés mucha experiencia internacional. ¿Cómo ves hoy la escena sonora en Argentina y la región?
Argentina sigue siendo un foco de atención. Gracias al boom de la música urbana, muchos artistas argentinos están en el radar de los grandes sellos y productores del mundo. Desde afuera, se percibe que acá pasa algo auténtico, que el público es fiel, apasionado, y eso genera tracción. Me ha pasado de escuchar a artistas internacionales decir: «quiero ir a tocar a Argentina». Estamos en el mapa, sin duda.
¿Qué defectos y virtudes ves en los técnicos y músicos de la región, comparados con sus pares de otras latitudes?
Más que defectos o virtudes, creo que hay formas distintas de trabajar. Cada ciudad tiene su dinámica. En Miami las sesiones tienen una lógica, en Los Ángeles otra. Lo aprendí hablando con colegas como Sebastián Krys. Incluso me pasó en un campamento de composición organizado por Mr. 305, el sello de Pitbull, donde vi formas de componer totalmente caóticas, pero funcionales: beats sonando, gente improvisando melodías al mismo tiempo, grabando todo con el celular. A simple vista parecía desordenado, pero generaba resultados. Lo importante es que funcione, que fluya.
¿Qué errores ves con frecuencia en producciones independientes y qué sugerencias darías para mejorar?
Lo más común es la falta de planificación. Muchos artistas entran al estudio sin una hoja de ruta clara: no saben cómo va a ser el lanzamiento, no tienen estrategia de promoción, ni entienden el valor de un buen pitching para playlists. Yo trato de acompañar a los artistas más allá del máster final: pensar en campañas, en cómo comunicar el lanzamiento, en que la canción tenga vida después de grabarla. Porque podés tener un temazo, pero si no lo presentás bien, se pierde. Y eso es tristísimo, más allá de que te hayan pagado. La música merece una estrategia para llegar.
¿Cómo surgió la idea de producir esas Masterclass tan potentes?
Nadie me lo había preguntado así, pero la verdad es que nació de un deseo muy personal: quería aprender de los mejores, sin que me saliera una fortuna. En ese momento todos hablaban de gente como Chris Lord-Alge, Mick Guzauski, Tony Maserati o Geoff Emerick, pero eran inaccesibles. Así que se me ocurrió organizar clases colectivas, donde todos paguemos un poco, y eso haga posible traerlos. Obviamente requiere mucha logística, pero valió la pena. Era una forma de hacer que el conocimiento llegue a todos.

¿Hubo algún ingeniero que te haya marcado especialmente?
Todos dejaron algo. Algunos con una técnica, otros con una frase, o con una actitud. Los más nostálgicos conectan con Geoff Emerick, los más pop con Tony Maserati, los del rock con Chris Lord-Alge. En lo personal, el masterclass de Tony me voló la cabeza. Después de escucharlo, cambié por completo mi template de mezcla y fue un antes y un después. Pero cada uno se lleva lo que le resuena, y eso es lo lindo.
¿Alguna anécdota que te haya quedado grabada de esos encuentros?
La más épica fue con Geoff Emerick. En medio del masterclass le suena el celular y dice: «Hey, hello Paul!». Era Paul McCartney. Geoff le responde: «Estoy en Argentina, dando una clase». Estábamos todos mudos, tratando de escuchar la voz de Paul del otro lado. Y como si fuera poco, en ese mismo evento cayó Charly García solo para conocerlo. Fue un momento histórico.

Te tengo que preguntar por Geoff Emerick. ¿Qué significó para vos compartir tiempo con él?
Fue mágico. Todo se dio sin buscarlo. Lo conocí casi de casualidad en un evento de los Latin Grammy, en Las Vegas. Estaba con Daniel Ovie, que me lo señaló, charlamos un rato, me dio su tarjeta. Cuando volví a Argentina, le escribí al manager con la idea de hacer un masterclass. A las pocas horas tenía el contrato. Lo firmé, mandé el adelanto y vino. Así de simple. Y fue increíble, porque a los pocos meses Geoff falleció. Hoy pienso que fue una especie de regalo del universo. Estar con él, escucharlo contar anécdotas con Lennon o McCartney, verlo tan generoso, fue una experiencia que no voy a olvidar. Donde iba, creaba magia. Incluso llegamos a hacer una reunión privada en Paraguay con empresarios que eran fanáticos de los Beatles. Yo miraba alrededor y pensaba: ¿Qué hago acá? Fue una locura hermosa.
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¿En qué estás trabajando hoy que te tenga especialmente entusiasmado?
Por suerte este año vengo con varios proyectos en marcha y otros ya entregados. Uno que me entusiasma mucho es el álbum que estoy produciendo para Milena Warthon, una artista peruana que ganó una gaviota de plata en Viña del Mar y fue destacada por Forbes como una de las 50 mujeres más influyentes de Perú. El disco fusiona pop con folclore peruano, algo completamente nuevo para mí. Estoy conociendo ritmos como el festejo o el huayno, explorando colores que nunca había trabajado. Ya lanzamos el primer single, y el segundo —un festejo bien enérgico— sale el próximo viernes 13. Está buenísimo aprender tanto en un mismo proyecto.
También estoy mezclando algunas canciones del nuevo álbum de Julián Álvarez, uno de los artistas más influyentes del género ranchero y norteño en México. Lo conocí allá y fue toda una experiencia. Me sorprendió el nivel de popularidad que tiene: fuimos a cenar y el lugar se revolucionó. Incluso en un momento su equipo preguntó si el estudio donde estábamos tenía helipuerto… porque él suele moverse en helicóptero, por el tráfico de Ciudad de México. Obviamente no lo tenía, así que viajé dos horas para encontrarme con él. Un tipazo, muy generoso, y un equipo de laburo excelente. Es un honor formar parte de esos proyectos.
Cuando no estás trabajando, ¿qué música escuchás por puro gusto?
Casi ninguna. No escucho música cuando no estoy trabajando. Paso entre 10 y 12 horas por día con audio, y cuando corto necesito silencio o desconectar. A veces veo pelis, YouTube, cocino, hago asados o salgo a pasear con mi familia. Además, si escucho algo por placer, mi cabeza entra en modo análisis: me pongo a pensar si está bien mezclado, si me gusta el estéreo, el color, los planos… y así nunca desconecto. Prefiero recargar así para después rendir más.
¿Te tienta meterte en otros mundos sonoros, como el cine, los videojuegos o el arte sonoro?
Sí, mucho. Me fascina el sonido para videojuegos, estuve investigando bastante sobre eso. Tienen su propio workflow, no usan los mismos DAWs, mezclan en sistemas distintos, y hay todo un universo de codificación para Dolby Atmos que me parece súper interesante.
También estoy trabajando en un proyecto infantil, que surgió con mi esposa a partir del nacimiento de nuestra hija Valentina. Exploramos mucho el contenido para chicos en YouTube, y eso nos inspiró a crear música infantil con valores, calidad sonora y estética cuidada. Empezamos a producir material y nos contactaron de algunos canales grandes. Es un mundo nuevo y hermoso.

Después de tantos años, ¿qué es lo que todavía te fascina del sonido?
Lo que más me fascina es descubrir obras que suenan bien, con intención, con estética, con profundidad. Cuando una canción tiene tridimensionalidad, cuando está bien compuesta y bien mezclada, me emociona. Y eso no siempre viene de los grandes nombres: a veces te sorprenden obras hechas por gente que recién empieza, pero que tienen una sensibilidad tremenda. Me encanta encontrarme con esas joyas.
Y para cerrar: ¿qué consejo le darías a alguien que recién está empezando en este oficio?
Que sepa que no es fácil. No es una industria sencilla. Está muy saturada y para vivir de esto no alcanza con ser bueno, tenés que ser muy bueno, profesional, estar a la altura técnica y humana. Primero: ser buena onda. Nadie quiere trabajar con alguien complicado. La buena onda abre puertas, incluso si te equivocás: si sos buena persona, te lo perdonan. Segundo: esto es una carrera de resistencia. No gana el más rápido, gana el que persiste. Hoy podés no tener ningún laburo, y mañana todo puede cambiar. El que se levanta cada día y dice “vamos a darle”, marca la diferencia. Hay momentos buenos y momentos malos, como en todo. Pero si sos constante, ese es tu verdadero capital.
