«Cuando los discos se grababan con riesgo”
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Por Luis Mojoli
Probablemente sean dos de los ingenieros de sonido más importantes que dio la historia de la grabación argentina. Jorge “Portugués” Da Silva y Mario Gilabert no sólo atravesaron distintas épocas de la industria: ayudaron a definir cómo sonó la música popular de este país durante más de cinco décadas.Desde la era de las grabaciones monoaurales y las consolas de ocho canales hasta la llegada del universo digital, ambos construyeron una escuela propia. Entre cintas, válvulas, estudios inmensos y sesiones maratónicas, grabaron, mezclaron y produjeron discos que hoy forman parte de la memoria sonora argentina y latinoamericana.En esta charla con REC or Play aparecen nombres fundamentales de distintas generaciones y escenas: Alberto Castillo, Leopoldo Federico, Piazzolla, Troilo, Fania Records, Sinatra, Serú Girán, Jorge Calandrelli, Nacho Smilari y Jaime Roos, entre muchos otros. Pero más allá de los nombres, lo que sobrevuela la conversación es otra cosa: una manera de entender el sonido como artesanía, intuición y riesgo.Da Silva y Gilabert fueron testigos privilegiados de un momento irrepetible de la música. Vieron pasar la revolución tecnológica de los estudios, el nacimiento del rock argentino moderno, el auge de la salsa internacional y las transformaciones profundas de la industria discográfica. Y, al mismo tiempo, conservaron algo que hoy parece cada vez más raro: la obsesión por escuchar.Entre anécdotas técnicas, recuerdos de sesiones históricas y confesiones inesperadas, esta entrevista funciona también como un viaje al corazón invisible de los discos. Ese lugar donde una decisión mínima —subir una cuerda, mover un micrófono, dejar respirar una sala— puede cambiar para siempre la forma en que una canción queda grabada en la memoria.En pleno invierno porteño, REC or Play reunió a estas dos leyendas para una conversación libre, desordenada y profundamente musical. El resultado es un recorrido fascinante por la trastienda de los estudios argentinos y por una época en la que grabar un disco era, antes que nada, una aventura humana.

Ambos atravesaron distintas etapas de la industria musical argentina. ¿Qué creen que se perdió y qué se ganó con el paso del audio analógico al digital?Da Silva: Se ganó velocidad, posibilidades infinitas y una democratización enorme. Hoy cualquiera puede grabar un disco en su casa. Eso antes era imposible. Pero también se perdió cierta ceremonia. Antes entrar a un estudio era un acontecimiento: había preparación, ensayo, músicos tocando juntos. La tecnología actual resolvió muchos problemas, pero a veces también eliminó parte de la emoción del riesgo.Gilabert: Antes había que tomar decisiones. No podías grabar veinte tomas y arreglar todo después. Eso obligaba a escuchar más y pensar mejor. El error tenía un valor humano. Hoy todo puede corregirse, pero no siempre eso mejora la música.Cuando recuerdan sus primeras grabaciones, ¿qué imágenes o sonidos les vuelven inmediatamente a la cabeza?Gilabert: El olor de los estudios. La cinta. Las luces de las consolas. Y el silencio antes de grabar. Ese momento donde todos quedaban quietos esperando la señal.Da Silva: Yo recuerdo el vértigo. Te largaban a grabar y aprendías trabajando. No había manuales. Había tipos enormes enseñándote sobre la marcha.En una época donde todo se resolvía casi en tiempo real, ¿cuánto había de técnica y cuánto de intuición en una sesión de grabación?Da Silva: Muchísima intuición. La técnica sola no alcanza nunca. Vos podés conocer todos los equipos del mundo, pero si no entendés la emoción de lo que está pasando, no sirve.

Gilabert: El ingeniero también interpreta. Uno mezcla sensaciones además de sonidos.¿Qué artistas los obligaron a superarse técnicamente dentro del estudio?Gilabert: Serú Girán. Eran muy exigentes musicalmente y tenían una búsqueda moderna para la época. Había que encontrar un sonido que estuviera a la altura de esas composiciones.Da Silva: Los discos de salsa de Fania también eran complejos. Había orquestas enormes y mucho movimiento rítmico. Si no ordenabas bien la mezcla, explotaba todo.Ustedes vivieron la etapa en la que los estudios eran prácticamente laboratorios sonoros. ¿Había más libertad creativa para experimentar que hoy?Da Silva: Sí, porque muchas veces no sabíamos exactamente qué iba a pasar. Experimentábamos porque no quedaba otra.Gilabert: Hoy existen demasiadas fórmulas. Antes había más búsqueda. Agarrábamos un micrófono y lo poníamos en lugares rarísimos para ver qué ocurría.Muchas veces el ingeniero de sonido queda en segundo plano. ¿Sienten que el público entiende realmente cuánto puede modificar una canción una buena mezcla o una buena toma?Gilabert: Muy poca gente lo sabe. El sonido puede cambiar completamente la emoción de una canción.Da Silva: Una mezcla puede arruinar un gran tema o volver inolvidable algo simple.¿Qué discos argentinos consideran que marcaron un antes y un después en términos de sonido?Gilabert: “Bicicleta” de Serú Girán fue importantísimo. Había una búsqueda espacial muy moderna.Da Silva: También muchos discos de tango y folklore quedaron opacados históricamente, pero tenían trabajos de sonido extraordinarios.¿Cómo era trabajar con cinta analógica y qué tipo de concentración exigía?Da Silva: Absoluta. Cortar cinta era un acto quirúrgico. No existía el “undo”.Gilabert: Había que grabar pensando. Hoy muchas veces se graba primero y se piensa después.

¿Qué aprendieron observando a músicos como Piazzolla, Troilo o Leopoldo Federico dentro del estudio?
Da Silva: Aprendías disciplina y sensibilidad al mismo tiempo. Piazzolla escuchaba absolutamente todo.
Gilabert: Troilo tenía una musicalidad impresionante incluso cuando no hablaba. Había artistas que llenaban el estudio solamente con estar presentes.
¿Hasta qué punto un estudio de grabación también puede convertirse en un instrumento musical?
Gilabert: Totalmente. La sala modifica el sonido igual que una guitarra o una batería.
Da Silva: Nosotros usábamos los ambientes, los pasillos, los rebotes naturales. Hoy mucho de eso se reemplaza artificialmente.
¿Qué importancia tenía el silencio dentro de una grabación?
Da Silva: Toda. El silencio también forma parte del ritmo y de la emoción.
Gilabert: Un estudio con silencio era un lujo. Ahí entendías realmente cómo sonaba un instrumento.
¿Qué músicos argentinos creen que tuvieron una búsqueda sonora más avanzada para su época?
Gilabert: Charly García entendía el estudio de una manera muy moderna.
Da Silva: Piazzolla también. Y muchos arregladores como Jorge Calandrelli tenían una cabeza internacional.
¿Hay algún disco del que hoy cambiarían algo si pudieran volver a mezclarlo?
Gilabert: Todos. Nunca terminás un disco del todo.
Da Silva: Siempre escuchás algo años después y pensás “eso podría haber estado mejor”. Pero también esa imperfección habla de la época.
Después de haber escuchado tanto y trabajado con tantas generaciones, ¿qué creen que hace inolvidable a un disco?
Da Silva: La verdad emocional. Cuando una grabación transmite algo humano, queda para siempre.
Gilabert: Y la personalidad. Los discos inolvidables tienen identidad. A los cinco segundos sabés quién está sonando.
