mayo 7, 2026

Manu Sija: del folklore al live looping, un lenguaje propio

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Por Luis Mojoli

En una escena musical donde las fronteras todavía intentan ordenar lo inasible, Manu Sija aparece como un punto de fuga. Nacido en Tucumán y formado en la raíz del folklore, su recorrido no es el de la tradición que se conserva, sino el de la tradición que se expande.

Multiinstrumentista, compositor y explorador sonoro, Sija construyó un lenguaje propio donde el violín puede dialogar con un loop electrónico, una baguala mutar en improvisación jazzística y una canción desarmarse en tiempo real frente al público. Su música no busca pertenecer: propone.

Entre la precisión técnica y el impulso intuitivo, su obra tensiona dos mundos que pocas veces conviven con naturalidad: el del músico formado y el del creador que se permite perder el control. En ese cruce -entre la raíz y el riesgo- aparece una de las voces más singulares de la música argentina contemporánea.

En esta entrevista, el proceso creativo, el sonido y la identidad dejan de ser conceptos abstractos para volverse experiencia concreta: la de un artista que no interpreta géneros, sino que los reescribe.

Origen: del campo a los instrumentos

Luis Mojoli: ¿Cómo empieza tu vínculo con la música?

Manu Sija: Mi primer instrumento, si lo pienso bien, fue el bombo. Pero el primer acercamiento más formal fue con la guitarra, y al poco tiempo apareció el violín. Eso vino directamente del folklore: vi a Peteco Carabajal en un festival en Tucumán y me marcó.

Yo soy de Simoca, pero del campo, a unos kilómetros del pueblo. Empecé bailando folklore en una academia —llegué ahí por mi hermana— y fue en ese contexto donde me encontré con los instrumentos. Mi viejo tenía una guitarra, sabía algunos acordes y me los enseñó. Así arranqué, a los 7 u 8 años.

Formación e intuición

LM: ¿Tu formación fue más intuitiva o académica?

Manu Sija: Durante muchos años fue totalmente intuitiva. Nunca dejé de tocar, pero no tenía una formación formal constante. Recién a los 16 me fui a la capital de Tucumán a estudiar música.

Para ese momento ya sabía hacer muchas cosas, pero no sabía cómo se llamaban. El conservatorio me ordenó: aprendí a leer, a escribir y a entender lo que ya venía tocando de oído.

Apertura musical

LM: Tu base es folclórica, ¿cuándo aparece la apertura hacia otros lenguajes?

Manu Sija: Empieza primero dentro del mismo folklore, con músicos que lo fusionaban con otras cosas. Ahí descubrí a Liliana Herrero, al Chango Farías Gómez, y a toda una generación que trabajaba el folklore desde otro lugar.

Después, cuando empecé a estudiar, apareció el jazz, el rock fusión, todo ese universo que me llevó a querer mezclar lenguajes. Pero la base siempre fue el folklore.

Del sesionista al proyecto propio

LM: ¿Cuándo pasás de tocar para otros a desarrollar tu música?

Manu Sija: El quiebre fue alrededor de 2011 o 2012. Yo ya componía, pero no lo tomaba como algo para mostrar. Era algo personal.

En ese momento hice videos tocando todos los instrumentos, versiones de temas como uno de Jean-Luc Ponty o First Circle” de Pat Metheny Eso me hizo empezar a pensar en un proyecto solista.

Hasta ahí era productor y sesionista, sobre todo en el folklore. Dejé esa etapa alrededor de 2015, después de trabajar con artistas como Jorge Rojas, y empecé a enfocarme en mi música.

El live looping como instrumento

LM: ¿Cómo aparece el live looping en tu lenguaje?

Manu Sija: Nace de una necesidad: quería tocar muchos instrumentos en vivo. Ahí aparece la looper como herramienta.

Me influenció mucho ver a Juana Molina y a Pedro Aznar trabajando con loops. Empecé a usarla dentro de un trío, grabando capas y tocando arriba.

Después di el paso a tocar solo, donde todo sucede en tiempo real. Ahí el loop deja de ser un recurso y pasa a ser un instrumento.

Técnica y desarrollo

LM: ¿Qué desafíos técnicos te planteó ese formato?

Manu Sija: El principal fue evitar la monotonía. Tenés que construir arreglos dinámicos, lograr que las canciones tengan desarrollo. No podés quedarte en un loop estático.

Con el tiempo fui sumando samplers, cajas de ritmo, sintetizadores. También cambié de looper: pasé a sistemas que permiten trabajar por secciones, casi como un secuenciador en vivo. Eso me abrió mucho la cabeza para armar los temas.

Discografía y procesos

LM: ¿Cómo se relaciona tu último disco con ese recorrido?

Manu Sija: Es una evolución de todo ese proceso. Tiene mucha producción, muchas capas, invitados. Está hecho en parte en Tucumán y en Buenos Aires.

Después de ese disco, a fines de 2024, saqué un EP que es todo lo contrario: guitarra y voz, mucho más íntimo. Necesitaba ese contraste.

El violín como identidad

LM: Entre tantos instrumentos, ¿qué lugar ocupa el violín?

Manu Sija: Es mi instrumento principal. Siempre está. Aunque toque muchos instrumentos, con el violín hay una conexión especial.

Cuando quiero ir a un lugar más expresivo, más emocional, generalmente vuelvo al violín. Es donde siento que aparece algo distinto.

Folklore, tecnología y lenguaje actual

LM: ¿Cómo convivieron en vos el folklore y la tecnología?

Manu Sija: Yo aprendí folklore, pero nunca fui un músico tradicionalista. Vengo de una generación donde ya había mezcla: guitarras eléctricas, batería, producción.

Siempre me interesó la grabación, la tecnología. Entonces eso estuvo presente desde temprano. Para mí no hay contradicción entre lo acústico y lo electrónico.

Escena y proyección

LM: Tu música dialoga mucho con el jazz en términos de improvisación. ¿Cómo lo vivís?

Manu Sija: Totalmente. Más allá del género, lo que tomo del jazz es la improvisación, lo armónico, la libertad.

Cuando toco afuera, muchas veces lo hago en clubes de jazz, porque son espacios abiertos a distintas músicas. Ahí puedo mezclar todo lo que hago: folklore, improvisación, electrónica.

Cierre: el músico en movimiento

LM: Hoy, ¿dónde te sentís más cómodo: produciendo o tocando?

Manu Sija: Me gusta producir, pero prefiero tocar. Salir, viajar, estar de gira.

Siento que mi camino hoy va más por ahí: por llevar la música a distintos lugares y seguir desarrollando ese lenguaje propio que fui armando con el tiempo.

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