Lucho Gordillo: “La técnica tiene que estar al servicio de la canción, nunca convertirse en un obstáculo”
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Por Hernán Rago
Hay ingenieros de sonido que hablan de equipos. Otros de micrófonos, consolas o software. Lucho Gordillo prefiere hablar de canciones.
Quizás por eso resulta tan interesante escucharlo. Porque detrás de una trayectoria que lo llevó desde los estudios Orión hasta Unísono, pasando por trabajos junto a Benito Cerati, Trueno y Milo J, hay una mirada que pone siempre a la música por delante de la tecnología.
Técnico electrónico de formación, comenzó estudiando Ingeniería en Sistemas antes de descubrir que su lugar estaba del otro lado de los parlantes. Desde entonces construyó una carrera silenciosa pero fundamental dentro de la escena argentina, trabajando tanto en estudio como en vivo y participando en proyectos de artistas de universos muy distintos.
Hoy atraviesa uno de los momentos más importantes de su carrera. Como ingeniero de grabación de La vida era más corta, de Milo J, integró el equipo responsable del álbum que obtuvo el Gardel de Oro y el premio a Mejor Ingeniería de Grabación en los Premios Gardel 2026.
Pero detrás de ese reconocimiento hay años de aprendizaje, miles de horas de estudio y una filosofía de trabajo tan simple como efectiva: la tecnología sólo tiene sentido cuando está al servicio de la música.

En estudio Unísono
Formación y comienzos
¿Cómo llegaste al mundo del audio y cuándo descubriste que querías dedicarte profesionalmente al sonido?
Llegué al mundo del audio después de estudiar Ingeniería en Sistemas durante tres años. En un momento entendí que ese no era el camino que quería seguir y empecé a buscar alternativas dentro de la Universidad Nacional de La Matanza. Ahí me encontré con una nueva Tecnicatura en Sonido y Grabación que acababan de abrir.
Por entonces tenía una banda con amigos donde tocaba la guitarra de manera amateur. La carrera combinaba algo que me apasionaba con una base técnica que ya conocía, porque soy técnico electrónico desde la secundaria. Sentí que podía ser mi lugar y, afortunadamente, así fue.
¿Quiénes fueron tus principales referentes durante el aprendizaje?
Uno de los primeros fue Leonardo Carvi, docente de la universidad. Él me convocó para participar en el diseño y construcción de un estudio de grabación y me enseñó gran parte del oficio vinculado a la instalación de sistemas de audio.
Más adelante llegué a Estudio Orión, de Pablo Rabinovich. Además de trabajar allí como asistente, hice cursos de mezcla y mastering con él, que fue una referencia muy importante en mi formación.
Otro nombre fundamental fue Matías Berdiales, asistente en Orión cuando ingresé. Me enseñó el trabajo cotidiano dentro de un estudio profesional. Lo acompañé durante mucho tiempo y cuando dejó su puesto tuve la oportunidad de ocuparlo. Ahí sentí que completaba una etapa clave de aprendizaje.
¿Cuál fue la enseñanza más importante de tus primeros años?
Comprender los distintos roles dentro de una producción musical.
Aprender qué hace un asistente me ayudó después a entender mejor el trabajo del técnico de grabación y, más adelante, el del productor. Entender cómo se relacionan músicos, técnicos, productores y asistentes fue fundamental para desenvolverme profesionalmente.
Todavía hoy creo que tener claro el rol de cada persona es una de las claves del trabajo en estudio.

Con Nico Pucci, grabando el disco de Mi Amigo Invencible. Foto de Nora Lezano
Trayectoria y filosofía de trabajo
¿Cuál fue el primer proyecto que sentiste que marcó un antes y un después en tu carrera?
Sin dudas, La vida era más corta, de Milo J. No porque haya trabajado distinto o le haya puesto más compromiso que a otros proyectos, sino por el alcance que tuvo la obra.
La cantidad de personas que escucharon ese disco fue muy superior a todo lo que había hecho anteriormente. Desde ese punto de vista, representó un cambio enorme en mi recorrido profesional.
¿Qué fue más difícil de aprender: la técnica o el trato humano con los artistas?
Lo más difícil fue desarrollar criterio.
Por mi formación en electrónica, entender el funcionamiento del equipamiento me resultó relativamente sencillo. Lo que llevó más tiempo fue aprender a interpretar qué necesita una canción y qué necesita una producción.
Por eso diría que el verdadero desafío estuvo en formar criterio más que en dominar la técnica.

Con BB Asul grabando al Cuarteto Divergente
Unísono y el legado de Cerati
¿Qué sentiste la primera vez que entraste a trabajar en Unísono?
Sentí una mezcla de alegría y agradecimiento. Como muchísima gente de mi generación, soy admirador de la obra de Gustavo Cerati, así que la posibilidad de trabajar en su estudio era algo muy especial.
Pero también entendí rápidamente que tenía que dejar al fan afuera y asumir mi rol profesional.
¿Se percibe todavía la presencia artística y conceptual de Gustavo dentro del estudio?
Sí, absolutamente.
Unísono no nació como un estudio comercial. Fue concebido como un espacio de trabajo pensado para Gustavo. Cada equipo, cada instrumento y cada decisión de infraestructura responden a su forma de entender la música y la producción.
Por eso su presencia sigue siendo muy evidente.

En los ensayos de “Viajando en la Luz”, homenaje al 30 aniversario de Dynamo y Colores Santos
Benito Cerati
¿Cómo comenzó tu vínculo profesional con Benito Cerati?
Comenzó a principios de 2020, cuando empecé a ocuparme de la parte técnica de los ensayos de Zero Kill. Fueron los últimos ensayos de la banda antes de su disolución, pero ahí nació el vínculo profesional.
Además, como técnico de Unísono, coincidía frecuentemente con Benito cada vez que iba a trabajar al estudio. Con el tiempo empezaron a surgir nuevos proyectos y la relación laboral se fue fortaleciendo.
¿Qué te llamó la atención de su forma de trabajar?
Su capacidad para imaginar obras complejas y la paciencia para construirlas capa por capa.
Benito rara vez propone ideas simples. Muchas veces tiene la obra prácticamente terminada en su cabeza antes de comenzar a trabajar sobre ella. A medida que aparecen nuevas pistas, arreglos y texturas, esa visión empieza a materializarse.
¿Qué aprendiste trabajando junto a él?
Aprendí muchísimo sobre la importancia de confiar en una visión artística y sostenerla hasta el final.
Actualmente estoy a cargo de la producción técnica de sus presentaciones en vivo, tanto en la preparación como durante los shows, además de la grabación de distintos materiales audiovisuales.
Hemos trabajado en escenarios muy diversos, desde propuestas íntimas hasta festivales como Quilmes Rock y Lollapalooza. Todo eso exige una enorme capacidad de adaptación.

Con Juanchi Do Nascimento grabando su Single “Vibrar en Paz”
Trueno
¿Cómo surgió tu relación profesional con Trueno?
Mi relación con Trueno comenzó a través de Tatool, su productor. Ellos trabajan juntos desde Atrevido y fue Tatool quien empezó a llevar distintos proyectos a Unísono.
Primero vinieron a grabar percusiones para Bien o Mal y más adelante me convocó como técnico de grabación para el último disco de Trueno.

Foto de @popiift
Milo J y el disco que lo cambio todo
¿Cómo surgió la posibilidad de trabajar con Milo J?
La posibilidad llegó a través de Tatool. Él se comunicó conmigo para consultar la disponibilidad de Unísono y me comentó que estaba comenzando un proyecto muy importante junto a Milo J.
En ese contexto me propuso participar como técnico de grabación, principalmente porque conocía muy bien el estudio y podía aportar fluidez al trabajo diario.
¿Qué fue lo primero que te llamó la atención de él como artista?
Su naturalidad para componer.
Tiene una enorme facilidad para construir melodías, grabar armonías y moverse entre distintas partes de una canción con una espontaneidad poco común.
Y además estamos hablando de una persona extremadamente joven. Ver ese nivel de intuición musical a esa edad genera admiración.
¿Qué distingue a Milo de otros músicos de su generación?
Su capacidad de síntesis.
Logra transmitir mensajes muy directos y muy claros. Puede hablar de amor, de alegría, de enojo o de situaciones personales utilizando imágenes poéticas sin perder nunca la claridad.
Esa combinación entre sencillez y profundidad hace que muchas personas se identifiquen rápidamente con sus canciones.

Con Santi Iezzi y Gudy Prada grabando el disco de Policromía
La vida era más corta
Cuando comenzaron a trabajar en La vida era más corta, ¿cuál era la idea sonora que guiaba el proyecto?
Desde el comienzo estuvo vinculada a la música de raíz argentina y a la tradición popular.
No se trataba solamente de incorporar elementos folklóricos, sino de recuperar ciertas formas de contar, tocar y sentir la música que forman parte de nuestra identidad cultural.
¿Qué importancia tuvo la grabación de instrumentos reales en la identidad del álbum?
Fue absolutamente determinante.
No buscábamos perfección orquestal, sino el carácter propio de los instrumentos que forman parte de nuestra música popular. Queríamos escuchar sonidos cercanos, humanos.
¿Hubo alguna toma imperfecta que decidieran conservar porque transmitía algo único?
Sí, varias.
Desde el principio entendimos que estábamos haciendo un disco de música popular y que la perfección técnica no era necesariamente el objetivo principal.
Más adelante intentamos volver a grabar algunas tomas en mejores condiciones, pero nunca conseguimos recuperar la misma frescura. Finalmente decidimos conservar aquellas primeras versiones porque transmitían exactamente la emoción que buscábamos.

Con Pedro Moscuzza, Charly Alberti, Benja Carrizo, Fava Lavelli y Simón Bosio en Unísono
Sonido, música y legado
¿Dónde termina el trabajo del ingeniero y dónde empieza el del productor?
Soy un gran admirador del trabajo de los productores porque son quienes tienen la visión completa de una obra.
Cuando existe una buena producción, el ingeniero puede concentrarse en obtener los mejores registros posibles y aportar herramientas para llegar a la sonoridad buscada. Pero la dirección general siempre está guiada por la visión del productor.
¿Creés que una decisión técnica puede cambiar el destino artístico de una canción?
Sí, sin dudas.
Una decisión técnica acertada puede aportar fluidez y permitir que el artista se concentre en lo verdaderamente importante. Una mala decisión, en cambio, puede convertirse en un obstáculo para el proceso creativo.
Por eso creo que la técnica debe estar siempre al servicio de la canción.
Después de tantos años de carrera, ¿qué sigue emocionándote cuando se enciende un micrófono y comienza una grabación?
Ver a un músico escuchar una toma y sentir que logró decir exactamente lo que quería decir.
Ser parte de ese proceso sigue siendo lo que más disfruto de este trabajo. Poder ayudar a transformar una emoción en algo que luego llegará a miles de personas es un privilegio que no pierde valor con el tiempo.
Y espero poder seguir haciéndolo durante muchos años más.
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Mientras la industria discute formatos, plataformas, algoritmos y nuevas tecnologías, Lucho Gordillo sigue aferrado a una idea mucho más simple: detrás de cada micrófono hay una persona intentando decir algo. Y mientras esa emoción exista, el trabajo del ingeniero seguirá siendo el mismo: ayudar a que llegue intacta al otro lado de los parlantes.
