agosto 12, 2026

Joaco Burgos en vivo en el Coliseo: Rock, Legado, Identidad y una banda que suena en serio

4 minutos de lectura

Por Hernán Rago

A los 22 años, Joaco Burgos ya tiene tres discos y una idea bastante clara de lo que quiere hacer con su música. Su presentación en el Teatro Coliseo el pasado 4 de agosto, fue una buena muestra de eso: un show sólido, con una banda de enorme nivel, invitados importantes y un trabajo de sonido que merece destacarse.

Foto: Dani Sciata

Joaco viene creciendo con una fuerte referencia homenajeando a los grandes nombres del Rock Nacional. Charly García, Fito Páez y tantos otros músicos que fueron construyendo nuestra historia musical aparecen como influencias evidentes. Pero una cosa es reconocer a los maestros y otra muy distinta es intentar copiarlos. Joaco parece haber entendido esa diferencia: toma esas referencias, sigue sus huellas, pero busca hacerlo con una identidad propia.

Y quizás algunos detalles de esta presentación expliquen bastante bien ese camino.

La banda que lo acompaña está integrada por Martín Lema en guitarra, Federico Mindlis en bajo, Marco Merlo en teclados, la excelente Miranda Myndlis en voces y Fernando Samalea en batería. Y una sección de brasses con Dibo, Bruno Espínola y Lautaro Quipildor.

Foto: Dani Sciata

Samalea merece una mención especial. Con más de 60 años y una trayectoria enorme, durante buena parte del show parecía ser el más joven de la banda, por su energía, intensidad y ganas de tocar. Su batería tuvo una presencia permanente y una fuerza que ayudó a sostener una formación que sonó realmente muy bien.

Foto: Dani Sciata

En algunos temas también se sumó Michelle Bliman en saxo, aportando otro color a la banda y ampliando las posibilidades sonoras de algunos arreglos.

Y hablando de sonido, el responsable del show fue Eduardo Bergallo, que realizó un trabajo excelente.

Lo interesante fue que no había una única mezcla para todo el recital. Cada tema tenía un sonido prediseñado, trabajado previamente y pensado de acuerdo con lo que la canción necesitaba. Eso permitió que los cambios de clima fueran claros y que la banda conservara definición incluso en los momentos de mayor intensidad.

No es un detalle menor. Cuando una banda tiene músicos de este nivel, el trabajo del ingeniero consiste también en saber cuándo dejar que ellos hagan su trabajo y cuándo intervenir para que todo llegue al público de la mejor manera posible.

Bergallo, siempre a la altura de su reputación, lo resolvió muy bien.

Joaco también tuvo un momento para agradecer públicamente a Mario Breuer presente en la sala, responsable de la grabación y el sonido de su último disco.

Y no fue el único nombre relacionado con esa escuela del buen rock argentino que aparece alrededor de la carrera de Joaco. Antes de trabajar con Breuer en este último álbum, Joaco ya venía trabajando con Nelson Pombal, otro ingeniero de enorme trayectoria y muy ligado a la historia sonora reciente de Charly García y de buena parte del rock argentino.

Hay una línea que conecta todos esos nombres, pero lo interesante es que Joaco no queda atrapado en ella. La utiliza como referencia para construir su propio sonido.

Foto: Dani Sciata

También hubo invitados.

Uno de los momentos más celebrados de la noche llegó con Cachorro López, bajista de Los Abuelos de la Nada. Además de tocar el bajo, Cachorro se animó a cantar una parte de “Chalaman”, algo que fue recibido con mucho entusiasmo por el público.

Foto: Dani Sciata

La canción fue, además, un homenaje al recientemente fallecido Dany Melingo, y funcionó muy bien dentro del concepto general de la noche. No solamente por la presencia de Cachorro, sino porque volvía a poner en escena esa conexión entre distintas generaciones de músicos argentinos.

Y ahí aparece otra de las particularidades de Joaco.

No es casual que Samalea esté en su banda, que Mario Breuer haya grabado su último disco, que antes haya trabajado con Nelson Pombal y que el escenario elegido haya sido el Teatro Coliseo, un lugar por el que pasó una parte importante de la historia del rock argentino.

Pero tampoco hay que convertir eso en una especie de árbol genealógico obligatorio.

Joaco tiene 22 años, tres discos y todavía mucho camino por recorrer. Lo interesante es que ya supo rodearse de  músicos y profesionales con una experiencia enorme, y que parece estar aprovechando ese aprendizaje para encontrar su propia voz.

En ese proceso también hay que destacar el trabajo de Gustavo Pavan, su manager. La organización y el crecimiento que se perciben alrededor del proyecto hablan de un trabajo profesional que permite que el artista pueda concentrarse en lo musical y que una propuesta de estas características llegue a un escenario como el Coliseo con el nivel de producción que tuvo.

El resultado fue un muy buen show, con una banda que respondió en todo momento, un sonido cuidado y una propuesta que no necesitó apoyarse exclusivamente en los nombres que la rodeaban.

Porque, en definitiva, los nombres importantes pueden abrir puertas, pero después hay que tocar.

Y Joaco tocó.

Foto: Dani Sciata

Con una banda excelente, con un sonido muy bien trabajado y con una actitud que deja claro que no está intentando repetir una historia que ya fue escrita.

Está aprendiendo de ella para escribir su propio capitulo.

A los 22 años, no es poco.

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