Santiago Mc Carthy: “El sonido de El Plan nace de la emoción”
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Por Hernán Rago
Hay bandas que construyen grandes canciones y otras que logran convertirlas en experiencias físicas. El Plan de la Mariposa pertenece a ese raro grupo capaz de unir ambas cosas: una identidad artística profundamente humana y una potencia escénica que transforma cada recital en algo mucho más intenso que un simple show.
Sobre el escenario, el caos convive con la precisión, la emoción con la técnica y la energía colectiva con una sensibilidad musical pocas veces vista en el rock argentino actual. Pero detrás de esa experiencia también existe un trabajo silencioso: el de quienes logran que cada detalle sonoro acompañe la profundidad de las canciones sin perder el pulso visceral del vivo.
Desde hace más de una década, Santiago Mc Carthy es una pieza fundamental en esa construcción. Sonidista histórico de la banda, conoce como pocos la dinámica interna de El Plan y el delicado equilibrio entre potencia, claridad y emoción que define sus conciertos. En esta charla con Hernán Rago, habla sobre mezcla en vivo, tecnología, improvisación, sensibilidad, familia y esa búsqueda permanente de un sonido que no sólo se escuche, sino que también abrace al público.
Formación técnica y musical
HR: Antes de aprender a mezclar, ¿aprendiste a escuchar?
Santiago Mc Carthy: Creo que se aprende a escuchar todo el tiempo. Constantemente estás descubriendo cosas nuevas y, en base a eso, la duda te lleva a aprender a mezclar. Nunca terminás de aprender a escuchar; es un proceso permanente.
HR: ¿Tocás instrumentos? ¿Sentís que eso cambia la manera de trabajar el sonido?
Santiago Mc Carthy: Sí, toco instrumentos. De chico empecé estudiando batería, aunque después seguí más por mi cuenta. Más adelante me dediqué mucho a la armónica y, con el tiempo, fui aprendiendo de oído, bastante “a lo cavernícola” a tocar distintos instrumentos.
Siempre fue más por inquietud y por gusto que por otra cosa. Y sí, definitivamente ayuda muchísimo para trabajar en audio. Saber tocar un instrumento cambia la forma de sentir la música y también lo que buscás desde el sonido.

HR: ¿Qué ingenieros, productores o discos te marcaron técnicamente?
Santiago Mc Carthy: Hay varios ingenieros que me marcaron muchísimo. Norberto “Vasco” Hegoburu fue quien me metió en este mundo. Después Guillermo Zuloaga, dueño de Tónica, con quien aprendí un montón de cosas. Y otro que me hizo ver la música de una manera distinta fue Luis Volvoff.
Cuando terminé la escuela estaba buscando dónde estudiar y cómo empezar a meterme en el audio. La mujer de mi viejo era amiga de la infancia de Vasco, que en ese momento tenía Phonic Monkeys en El Pie, donde hacía mezcla y mastering. Él me recomendó estudiar en Tecson. Habré cursado un año y medio mientras trabajaba en paralelo con Vasco.
HR: ¿Recordás algún momento puntual donde entendiste que querías dedicarte al audio?
Santiago Mc Carthy: Sí, clarísimo. Fue en los festejos del Bicentenario, en la 9 de Julio, en 2010. Me acuerdo de estar colgando un micrófono a nueve metros de altura y mirar hacia abajo viendo la avenida llena, con millones de personas. Ahí sentí muy fuerte que quería dedicarme de lleno a esto.
El sonido de El Plan de la Mariposa
HR: El Plan tiene una mezcla muy particular entre caos, precisión y emoción. ¿Cómo se construye técnicamente un sonido que parece tan libre pero está tan controlado?
Santiago Mc Carthy: Me parece que todo se resume en tiempo, prueba y error. Saber qué funciona y cómo acomodar todas esas ideas lleva años de shows, de giras, de probar cosas y corregirlas. Ver qué funciona y qué no.
Los chicos, además, son muy abiertos para trabajar eso. Entonces creo que ese equilibrio entre libertad y control se construye justamente con tiempo.

HR: ¿Cuál sentís que es la “firma sonora” de la banda en vivo?
Santiago Mc Carthy: La firma sonora de la banda es el público. Lo que el público les genera a ellos cuando tocan. Desde mi lugar, yo solamente amplifico eso que ellos producen arriba del escenario.
Además, El Plan en vivo es totalmente distinto al estudio. Las canciones cambian todo el tiempo: temas viejos que siguen reversionándose, canciones nuevas que no se tocan igual al disco, incluso desde lo instrumental. Entonces, la verdadera firma del vivo es esa conexión entre la banda y la gente.
HR: ¿Qué fue cambiando en estos años: la tecnología del show o la manera de escuchar de ustedes?
Santiago Mc Carthy: Las dos cosas. La tecnología cambió muchísimo y las herramientas evolucionaron una barbaridad. Hoy hay recursos que antes directamente no existían y muchas cosas se volvieron más fáciles.
Pero también cambió nuestra forma de escuchar. La de todos: Seba, Valen, Maqui, Beto, Julio… todos fueron cambiando el enfoque y la manera de escuchar la música y el sonido.
HR: Hay bandas que suenan fuertes y otras que suenan grandes. ¿Dónde entra El Plan en esa diferencia?
Santiago Mc Carthy: A mí me encantaría que El Plan sea una banda que suene grande. Esa es siempre mi intención: que tenga dinámica y profundidad. El show ya está pensado como un viaje, con subidas y bajadas, no todo el tiempo arriba.
Pero también es cierto que muchas veces termino haciendo que suene fuerte. Es algo que me quedó de tocar en tantos festivales, donde compartís escenario con bandas que suenan muy al frente y no querés que el público sienta que El Plan “sonó despacio”. Mucha gente asocia eso con sonar mal.
Entonces hoy te diría que buscamos las dos cosas: sonar fuerte y sonar grande.
HR: El Plan transmite un mensaje muy fuerte desde las letras y la energía colectiva. ¿Cómo se traduce eso técnicamente en el sonido?
Santiago Mc Carthy: Creo que eso se traduce más desde lo humano que desde las herramientas. Siempre somos muy agradecidos con toda la gente que trabaja alrededor del show y nunca nos olvidamos de que estamos tirando todos para el mismo lado.
Nos importa que quien trabaje con nosotros esté cómodo y haya buena onda. Las personas trabajan mejor cuando se sienten bien, y creo que eso también termina formando parte del sonido.

HR: ¿Sentís que mezclar a El Plan implica también entender emocionalmente a la banda?
Santiago Mc Carthy: Sí, totalmente. Después de tantos años mezclando a la banda, claramente terminás entendiendo a cada uno, entendiendo más las canciones y entendiendo mejor cómo funciona el grupo emocionalmente.
HR: Hay recitales del Plan donde parece pasar algo más profundo que un show. ¿Desde tu lugar también lo vivís así?
Santiago Mc Carthy: Sí, constantemente. Hay shows donde sentís que está pasando algo mucho más grande que un recital. Y creo que nos pasa a todos dentro de la banda.
Hay momentos donde aparece una emoción muy fuerte, por cosas que vivimos juntos, por logros compartidos o simplemente por el momento de vida que estamos atravesando. Todo eso se mezcla y genera una energía que va mucho más allá de tocar canciones en vivo.
HR: ¿Cómo se trabaja humanamente dentro de un grupo tan unido y con una identidad tan marcada?
Santiago Mc Carthy: Yo hace muchísimos años que trabajo con ellos, deben ser trece o catorce años ya, y siempre fue muy agradable. Se prioriza mucho el objetivo común y no tomarse todo tan personal.
Aprendí mucho de ellos en ese sentido: cuando hay discusiones o errores, siempre aparece la capacidad de pedir perdón y seguir adelante pensando en el proyecto.
HR: ¿Qué lugar ocupa la confianza dentro del equipo técnico y artístico?
Santiago Mc Carthy: La confianza ocupa un lugar fundamental. En cualquier banda pasa eso: el equipo técnico está para cuidarles la espalda.
Muchas veces siento que, simplemente con tu presencia, ellos ya se sienten cómodos. Se entregan arriba del escenario sabiendo que hay alguien cuidando todo desde abajo. Esa confianza es clave.
HR: ¿Cómo se sostiene el equilibrio entre profesionalismo y vínculo afectivo cuando convivís tanto tiempo de gira?
Santiago Mc Carthy: Se sostiene desde la hermandad y desde sentirnos familia. Yo con El Plan generé un vínculo muy profundo y creo que ellos conmigo también.
Cuando trabajás así, compartiendo tanto tiempo y sintiéndote parte de algo humano además de laboral, todo se vuelve mucho más llevadero.
Mezcla en vivo y construcción sonora
HR: ¿Cómo encarás una mezcla con tantos instrumentos y capas sin perder claridad?
Santiago Mc Carthy: Es difícil. Y creo que otra vez la respuesta vuelve a ser tiempo, ensayo y experiencia. Son muchísimos shows acomodando detalles y entendiendo qué necesita cada canción.
Por ejemplo: decidir cuándo un violín necesita menos reverb porque después entra un acordeón, o ver qué instrumentos compiten entre sí. Todo eso se corrige constantemente sobre la marcha.
Con El Plan además no disparamos demasiadas pistas; usamos pads y algunas cosas puntuales. Entonces muchas decisiones pasan porque se toca realmente en vivo y cómo acomodar cada elemento para que conviva.
HR: ¿Qué instrumento suele darte más trabajo en vivo?
Santiago Mc Carthy: Las voces. Sobre todo las tres voces juntas. El problema más grande suele ser la filtración de la batería en los micrófonos, especialmente en lugares chicos.
Además, los cantantes del Plan bailan, saltan y se mueven muchísimo. Entonces desde lo técnico la compresión y herramientas como los ecualizadores dinámicos ayudan mucho para mantener las voces siempre delante y claras.
HR: ¿Hay alguna frecuencia o rango que consideres clave en el sonido del Plan?
Santiago Mc Carthy: Más que decirte cuáles me gustan, te puedo decir cuáles me molestan siempre: 160, 320, 640, 1.6k y 3k. Esas son las frecuencias que más me hacen renegar.
Todo lo demás, mientras no lastime el oído y ayude a endulzar el sonido de la banda, está bien.
HR: ¿Cuánto margen hay para la improvisación arriba del escenario desde el lado técnico?
Santiago Mc Carthy: Constantemente estamos improvisando. Hay giras y shows donde literalmente hacemos lo que podemos con lo que hay. Y esos son los shows más difíciles y también los más divertidos.
Improvisamos con la consola, con los micrófonos, con el cableado… todo el tiempo resolviendo cosas. Si todo estuviera perfectamente planeado creo que me aburriría muchísimo. La adrenalina de solucionar problemas es parte de lo que más me gusta del vivo.

HR: ¿Qué buscás que le pase físicamente al público con el audio?
Santiago Mc Carthy: Que sientan algo parecido a lo que siento yo cuando escucho música. Que disfruten, que entiendan todas las capas sonoras, que la voz se escuche clara y que el cuerpo también reaccione. Que los parlantes literalmente les muevan el cuerpo.
Muchas veces mezclo mirando al público, viendo cómo responde la gente. Me acuerdo una vez, abriendo para La Renga en Necochea, que Jorge Leggio, sonidista de la banda, me dijo: “Suena como un disco, pero con graves de vivo”. Y un poco eso es lo que busco.
HR: El Plan pasa de momentos muy íntimos a explosiones enormes. ¿Cómo se administra esa dinámica desde la consola?
Santiago Mc Carthy: Somos un equipo técnico muy unido. Pablo en luces, Pinky en visuales… todos acompañamos mucho el show desde distintos lugares.
Los primeros tres temas suelen ser los más intensos para mí porque ahí termino de acomodar todo. Después, si no hay problemas técnicos, entra mucho más el disfrute.
HR: ¿Creés que un sonidista también “narra” el show?
Santiago Mc Carthy: No, no creo que lo narre. Para mí el sonidista acompaña y amplifica el espectáculo. Ayuda a que las canciones transmitan la idea que la banda quiere mostrar, pero no siento que sea quien narra la historia.
Trabajar en los discos del Plan
HR: También trabajás con la banda en el proceso de sus discos de estudio. ¿Qué nos podés contar sobre eso?
Santiago Mc Carthy: Yo con El Plan vengo laburando más desde la casa que en estudio. Bueno, en realidad, la casa terminó siendo nuestro estudio. Los discos en los que trabajé con ellos fueron más desde el lado de las maquetas y la preproducción. Me acuerdo, por ejemplo, de grabar los demos de Danza de Antalgia, que hicimos en Tónica. Ese disco lo produjo, grabó y mezcló Luis, pero yo ya estaba bastante metido en todo lo que era el armado previo.
Desde ahí en adelante empecé a hacer todas las preproducciones de los discos. Hasta Estado de Enlace, lo que hacíamos era irnos una o dos semanas a Necochea, a una casita donde ellos ensayaban desde chicos, donde la mamá daba talleres y donde prácticamente nació la banda. Armábamos un estudio móvil con lo que teníamos y nos encerrábamos ahí a trabajar.
Así hicimos gran parte de la preproducción de Estado de Enlace y también de Devorando Intensidad. Después esos discos tuvieron otros responsables en la grabación y mezcla: Devorando Intensidad lo hizo Julio Berta y Estado de Enlace Facu Rodríguez. Pero toda la etapa previa, la búsqueda de sonidos, las capas, las versiones de los temas, las hacíamos juntos. Después seguíamos trabajando en Savia Records, que era el nombre que le habíamos puesto al estudio que teníamos arriba en O’Higgins.

Laburar con El Plan en estudio es muy intenso. Le dedican una cantidad de tiempo enorme a cada canción. Hay muchísimas versiones de un mismo tema antes de llegar a la definitiva. Capaz un tema pasa por veinte ideas distintas hasta que todos sienten que encontró su forma. Son jornadas larguísimas, muy obsesivas, pero también muy creativas.
Después, discos que sí mezclé yo fueron todos los discos en vivo de la banda y también Correntada, el último. Ahí ya participé más en producción, grabación y mezcla. Muchas cosas las hicimos directamente acá en casa. Grabamos overdubs, voces, acústicas, acordeones, violines… venían los chicos y trabajábamos tranquilos, de manera muy íntima y casera.
Y después, en todos los otros discos, desde Devorando Intensidad hasta Estado de Enlace, también participé haciendo grabaciones adicionales. A veces eran coros, un violín, alguna textura, arreglos o pequeñas frases que aparecían sobre la marcha. Yo grababa todo eso y después se lo enviaba al técnico o ingeniero que estaba a cargo de cada disco.
La verdad es que con todos los que trabajaron en esos álbumes tengo una admiración enorme. Siempre hubo mucho respeto y mucha colaboración entre todos los que fuimos formando parte del proceso.
Hoy siento que esa forma de grabar tiene mucho más sentido para nosotros. Ya no pasa tanto por el gran estudio tradicional, sino por encontrar un lugar cómodo donde las canciones puedan crecer con tiempo y naturalidad.

Tecnología, equipamiento y producción
HR: ¿Qué consola están usando actualmente y por qué la eligieron?
Santiago Mc Carthy: Yo siempre prefiero la Venue S6L. Es una consola con la que trabajé muchísimo y me siento muy cómodo. Pero en las giras puede tocar cualquier cosa y ahí vuelve la improvisación: hay que saber hacer sonar una banda con lo que haya disponible.
No soy de esos técnicos que dicen “sin esta consola no hago el show”. Son herramientas. Lo importante es que el show suene bien.
Jero, el monitorista, en cambio es fanático de Allen & Heath. Ahora incluso tenemos un show en el Movistar donde él va a usar DiGiCo. Yo todavía no me siento tan cómodo ahí; usé una Quantum 338 en España y todavía no me animo a hacer un show enorme con esa consola.
Pero sí, mi favorita sigue siendo la S6L. Y si además tengo la licencia del Soothe, mejor todavía.
HR: ¿Trabajan mucho con snapshots o preferís mezclar más “a mano”?
Santiago Mc Carthy: No trabajamos con snapshots. Podríamos hacerlo, porque el show hoy corre bastante sincronizado con SMPTE y visuales, pero personalmente no me gusta demasiado.
Siento que vuelve el show más frío desde mi lugar. Me gusta disfrutar la mezcla en vivo y reaccionar a lo que pasa. Quizás en algún momento tengamos que usar snapshots para ciertas cosas muy precisas, pero hoy preferimos mezclar más a mano.
Más allá de la consola, los micrófonos o la técnica, lo importante sigue siendo la emoción que llega del escenario a la gente y de la gente al escenario.
