mayo 19, 2026

Lucho al Attaque presenta «Hágalo usted mismo»

5 minutos de lectura

Por Hernán Rago

Fotos: Federico Echeverria

Luciano Scaglione: bajista de Attaque 77 presenta su primer disco solista.

Un poco de rock, algo de ska, una balada, un tema alternativo y mucho punk rock. Un disco repleto de amigos como Juanchi Baleiron, Corvex , De Cecco; Mikel Kapanga, Baltazar Comoto, Rotman ,Tamy y la firme intención de no dejar morir el clásico espíritu 77.

Rec or Play: ¿Cómo tomaste la decisión de hacer este disco? ¿Tiene que ver con la pausa que está teniendo Ataque, o era algo que ya tenías en mente?

Luciano Scaglione: La verdad es que no lo tenía planeado. Cuando terminó la pandemia y Ataque no arrancó, las energías estaban dispersas. Yo tenía muchas ganas de tocar, de seguir haciendo lo que hice toda mi vida: irme de gira, ensayar, grabar un disco, presentarlo y salir a tocar. Así que no tardé mucho. Al principio pensé simplemente en salir a tocar, pero enseguida entendí que no podía hacerlo solo con temas de Ataque y del pasado, de la nostalgia o las viejas glorias. Si bien podía incluir todo eso, también sentía que era necesario tocar temas nuevos. Era un paso inevitable, y una cosa llevó a la otra.

R&P: ¿Qué significa para vos no dejar morir el clásico espíritu del ’77?

L.S.: Significa seguir cantando esas canciones y permitir que la gente las escuche en vivo. Muchos pibes jóvenes que nunca vieron a Ataque vienen a los shows, incluso padres que traen a sus hijos. Está buenísimo que escuchen esas canciones en vivo. Si Ataque vuelve en algún momento, algo que creo que es muy probable, me gusta pensar que, de alguna manera, hubo una continuidad a través mío. Y eso me divierte.

R&P: Contame cuándo, dónde y con quién grabaste este disco, y también quiénes fueron los invitados.

L.S.: El disco lo grabé en Estudio Monasterio con Raúl Cariola y Oscar Cariola, que eran los Santos Inocentes. Trabajaron mucho con Cerati, son pibes que saben muchísimo, muy nerds de la tecnología, con equipos vintage, y graban como a mí me gusta: a la antigua. Estuvimos tres meses grabando. Aunque usamos tecnología como Pro Tools, tratamos de mantener muchos procesos analógicos. Le dedicamos mucho tiempo a buscar los sonidos de batería, bajo, guitarras… Me encantó volver a tener esa sensación de estar en un estudio buscando el sonido justo. Hoy en día se puede grabar muy rápido, pero nosotros nos tomamos nuestro tiempo. Fue una experiencia hermosa: muchos instrumentos, muchos amigos músicos que participaron. La pasé realmente muy bien grabando.

R&P: Me contaron que sos un gran chef. ¿Qué te aporta esa experiencia a la hora de «cocinar» un disco?

L.S.: Me gusta mucho la gastronomía. Estudié cocina profesional y también sommelier. Además, hice la carrera de músico en la escuela del SADEM, que es excelente. Estudié con muchos profes de bajo y tomé algunas clases con Malosetti, con quien me hice muy amigo, aunque fue difícil estudiar con él porque tiene un nivel altísimo. Me gusta estudiar, hacer cursos, seminarios de blues, de todo. Y veo que la cocina y la música tienen mucho en común. Por ejemplo, la mise en place en la cocina —preparar todo antes— es como ensayar. Cocinar es el show. Y la sensación final de satisfacción, disfrute, es la misma que cuando termina un recital. Son artes muy combinables: la música, la comida… y la bebida, ni hablar.

R&P: ¿Te resultó fácil o difícil pasar al frente, tanto en el escenario como en tu carrera? Ahora sos el frontman.

L.S.: La verdad es que se siente bien. Es divertido cantar. No me molesta estar al frente, aunque tampoco me volvía loco la idea. Me gustaba ser el bajista que cantaba algún tema. Pero la situación me llevó a esto, después del descanso indefinido de Ataque. Fueron 35 años sin parar, así que era lógico que cada uno quisiera hacer algo distinto. Y la verdad, fue muy lindo. En Europa y Estados Unidos se da algo muy emotivo, hay muchísimos argentinos, y en los shows se genera una emoción especial. Les llevás un pedacito de su barrio, de sus recuerdos. Es muy fuerte. También estuve en Chile, que siempre fue un lugar importante para Ataque, y recorrí casi toda la Argentina, de norte a sur.

Veo que la gente lo recibe bien. Muchos extrañan esas canciones que son parte de la banda sonora de su vida. Y en mi proyecto de alguna manera tienen su momento 77. Me lo tomo con naturalidad y humor. Ya había tenido experiencias antes: en 2017 en México, cuando Mariano no pudo venir, canté en el Vive Latino ante 30 o 40 mil personas. También en Europa, con Die Toten Hosen, hicimos 12 shows por Alemania y España. En 2019 canté en una gira por EE.UU. (Houston, New York, Miami, Washington). Sin darme cuenta, me venía entrenando para este momento.

Me gusta el contacto con la gente, contar historias. Me di cuenta de que podía hacerlo sin perder calidad como instrumentista. Empecé a estudiar canto, foniatría, a cuidar la voz, entender que ahora tengo un instrumento más al que prestarle atención. Me va bien con la disociación: puedo tocar y cantar cómodamente, pero siempre está el fantasma de la disfonía. Así que me estoy ocupando de eso. Y me divierte mucho.

R&P: ¿Qué vamos a ver en vivo cuando presentes este material en el escenario? ¿Quiénes te acompañan?

L.S.: La banda está formada por Gori, un héroe de la guitarra local que tocó en Minoría Activa, Fan People, con Juanse… un talentazo, además me ayudó a componer algunas cosas del disco. El Colo Tacone en teclados, gran productor e ingeniero de sonido. Enzo Insegna en guitarra, un amigo de muchos años. Y Emiliano Jiménez, un baterista reconocido que se toca todo. Me da un gran honor que esté conmigo.

Entre los invitados del disco están Juanchi Baleirón, Baltasar Comotto, Jorge Serrano y el Mosca de los Decadentes, Michael de Kapanga, Corbata de Arde la Sangre, Sergio Rotman de los Cadillacs, mi compañera Tamara que canta conmigo en un tema, y Hugo Lobo en los vientos. Un lujo total, tanto la banda como los invitados.

El proyecto es seguir haciendo canciones. El año que viene grabo de nuevo, quiero seguir tocando, buscando giras, festivales, lugares. Las ganas están intactas, como cuando tenía 20 años. Pero ahora con la experiencia de los 50… y también dosificando la energía.

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