El Indio Solari: el tesoro detrás de El Tesoro de los Inocentes.
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Por Luis Mojoli / Fotos: Eduardo Martí
En 2005, Carlos Alberto Solari presentaba «El Tesoro de los Inocentes», el disco que marcaba el comienzo de su carrera solista tras la disolución de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
Por aquellos años, Recorplay era una de las publicaciones que dirigía dentro de distintos proyectos editoriales vinculados a la música y la producción musical. En ese contexto llegó la invitación para entrevistarlo en Parque Leloir.
El punto de encuentro para la prensa había sido una estación de servicio de la zona. Como había llegado temprano, incluso acompañé a Patricia a comprar las medialunas que formarían parte del desayuno de aquella mañana. Con el correr de los minutos comenzaron a llegar los demás periodistas y se organizó el traslado hacia la casa del Indio. Los colegas de los distintos medios continuaron el recorrido en la camioneta de la organización. En mi caso, Patricia me pidió que la siguiera con mi propio auto. Al llegar al predio ingresó primero su camioneta y detrás entré yo. El estacionamiento daba a un parque donde permanecimos algunos minutos junto a otros colegas mientras se organizaban las entrevistas. Poco después llegó la indicación para que subiera. Todavía recuerdo aquella escalera empinada que conducía al sector superior de Luzbola. En la planta baja funcionaba el estudio de grabación y arriba se encontraba el espacio donde el Indio recibía a sus invitados. Un ambiente rodeado de libros, discos y objetos que reflejaban buena parte de su universo creativo. Cuando abrió la puerta me encontré con una imagen diferente a la que millones de personas conocían. Sin anteojos y con absoluta naturalidad, me recibió y me invitó a pasar. Mientras ultimaba algunos detalles, me dejó escuchando parte del material de «El Tesoro de los Inocentes», un disco que todavía no había llegado a las bateas. Pasaron algunos minutos. Entonces golpearon la puerta. Al abrirla me encontré con una escena que todavía recuerdo con claridad: era el propio Indio llevando una bandeja con café y las medialunas que, unas horas antes, había acompañado a comprar junto a Patricia. Se sentó, sirvió el desayuno con la misma cordialidad con la que me había recibido y comenzamos una charla que hoy forma parte del archivo histórico de Recorplay.
A más de veinte años de aquel encuentro, recuperamos esta entrevista para volver a escuchar el pensamiento de un artista fundamental de la música argentina en el momento exacto en que comenzaba una nueva etapa de su historia. Habían pasado apenas tres años desde el final de Los Redondos y comenzaba a mostrarse una faceta distinta: la de un compositor dispuesto a explicar su obra. Lo que sigue es un documento de época. Un artista hablando de composición, tecnología, grabación, cultura rock, Argentina y futuro.
Un testimonio que, leído más de veinte años después, adquiere un valor especial. Esta es aquella conversación.

El carácter de las cosas, los dibujos del libro que acompaña el disco son tuyos.
¿Cómo surgieron?
Algunos dibujos ya habían sido ilustraciones de notas mías en revistas como Cerdos & Peces. Me di cuenta de que, por la oscuridad del álbum, representaban muy bien el concepto. Incluso con los colores que tenían en la computadora: negro, plata y blanco. Me parecía revolucionario para la estética del rock trabajar con ese tipo de clasicismo. Uno de esos dibujos había sido utilizado en la primera promoción de Los Redondos para una gira en Salta. Lo que quería hacer era una impresión general mía: ilustraciones, músicas y letras. El arte gráfico del disco cierra un concepto junto con la música. Hay una unidad que está dada por el carácter de las cosas. Creo que hay una unidad permanente en alguien que se dedica a crear ilusiones de cualquier tipo. Independientemente de las épocas, uno siempre es el mismo artista. Yo le mandaba ideas a Skay que siempre estaban en tonalidades menores porque me gusta la cosa dramática o melancólica. El carácter de lo que hago en general es medio oscuro, nunca muy festivo. Aunque la gente lo reciba con felicidad, suelen ser cosas críticas o dramáticas.
La composición de El Tesoro de los Inocentes
¿Cambió tu manera de componer desde Los Redondos a esta etapa?
En absoluto. Yo sigo haciendo lo mismo que hacía: canciones. En Los Redondos daba la línea melódica, leit motivs, arreglos y rítmicas. Lo único que cambió fue la selección. A Skay le enviaba minidisc con ideas y prosperaban aquellas que coincidían armónica, melódica o rítmicamente con lo que él estaba haciendo. Eso no significaba que unas fueran mejores que otras. Simplemente coincidían con algo.Tanto Skay como yo podríamos haber hecho una carrera solista mucho antes. Nos gustaba hacer canciones juntos, pero no es que necesitáramos del otro.

¿Sos de trabajar mucho tiempo en cada canción?
Tengo cierta premura por atrapar las visiones. Cuando la visión está, le pierdo interés. La materialización es lo que más me rompe las pelotas. Soy como un chef: me gusta diseñar el plato, no comer las papas. Disfruto mucho componiendo melodías. Después hay que ubicar las líneas de lo que quiero decir dentro de un fraseo determinado.
El proceso de grabación
¿Cómo fue el proceso de producción del disco?
Comencé con una grabadora digital Roland de 16 canales. Es importante aclararle a los chicos que no le tengan miedo a lo digital. No es patrimonio exclusivo de la música electrónica. Son herramientas muy útiles para que cualquiera pueda hacer una maqueta. Cuando terminé las maquetas había que llevarlas a un formato más profesional. Grabé las guitarras línea por línea. Primero convoqué a Julio Sáez, amigo de muchos años, que grabó sus guitarras y algunas mías. Después vino Marcelo Torres para grabar los bajos. Tanto Marcelo como Baltasar Comotto respetaron inicialmente los arreglos de las maquetas y luego les di pistas para que improvisar. Después junto a Eduardo Herrera en Pro Tools grabamos y mezclamos. Hernán Aramberri en programación. Finalmente Mario Breuer realizó la masterización.
¿Por qué elegiste a Eduardo Herrera?
Edu entiende mi búsqueda venía trabajando con Redondos en directo en las grabaciones y habíamos logrado Momo Sampler.

¿Qué micrófonos utilizaste?
Tengo AKG y Shure. En realidad trabajo destruyendo bastante la señal. No soy un protector de las señales básicas. Eso sirve para otro tipo de música. Si canta Mercedes Sosa, por ejemplo, no le vas a procesar la voz. Ponés un Neumann y nada más.
El directo
¿Ya estabas pensando en presentar el disco en vivo?
Todavía no. Durante el verano nunca trabajo, así que recién pensaba tocar entre abril y mayo. Primero quería ver qué iba a hacer Skay. Había productores interesados tanto en teatros como en estadios, pero yo todavía no sabía qué iba a pasar. No tenía pensado estar, a esta altura de mi vida, coqueteando con las ligas mayores. Sin embargo, tampoco creo que eso me avale o me quite mérito. Voy a seguir haciendo la música que me gusta me vaya como me vaya.Los Redondos fueron artistas de catálogo. Se siguen vendiendo Gulp! y Oktubre. Entonces, ¿qué tengo que demostrar?
La crítica
¿Qué expectativas tenés respecto a lo que puedan decir los críticos?
No tengo demasiado respeto por aquellos que buscan enjuiciar lo que uno hace. Respeto a especialistas que realmente conocen un tema. Pero la mayoría de los críticos de rock son personas que escucharon menos música que muchos músicos. Tampoco me preocupa demasiado qué van a decir de mi disco. Y tampoco me gusta la adulación porque te pone satisfecho y eso es como decretar la defunción de la creatividad.
Los Redondos y la convocatoria popular
¿En Argentina hasta el momento Los Redondos es el grupo con mas entradas vendidas?
Si contamos los dos River, no hay con qué darle. No es lo mismo tocar gratis en Avenida de Mayo que vender doscientas mil entradas. Los Redondos fueron lo más grande que hubo en ese sentido.
¿Cuál fue la etapa que más disfrutaste dentro de la banda?
Cada momento tiene su encanto. Disfruté mucho la época de los pubs, cuando éramos una caravana y nadie dormía. Pero también fue conmovedor subirme a un escenario y encontrarme con ochenta mil personas. Son cosas que no me habían pasado nunca.

Esa voz. ¿Estudiaste canto?
Me estás cargando…Nunca estudié canto. Lo que odio es cantar en estudio. En vivo me gusta. Si no fuera porque me gusta cantar en directo o hacerme cargo como frontman de lo que digo, yo no cantaría.
Sin embargo, tenés una voz muy particular.
Supongo que tiene carácter. No soy un buen cantante en el sentido tradicional. Tampoco creo que Charly García o Fito Páez lo sean. Nosotros somos tipos que nos hacemos cargo de nuestra lírica. Yo no soy un ejecutante. Soy bastante torpe con los instrumentos. Cuando grabo guitarras registro el tema completo y después selecciono las mejores partes. No me interesa la destreza por sí misma. Cuando dominás demasiado un instrumento, muchas veces terminás componiendo desde ese instrumento y no desde la idea.
Cultura rock
¿Estás al tanto de lo que pasa en el rock?
La cultura rock no puede seguir representándose a sí misma tantas veces. Los grupos de garage ya no descubren nada. Estamos demasiado pendientes de una música que pertenece a otra época. Mi grito de guerra en Los Redondos era: “Esta es la primera y la última noche”. Nunca hay que confiarse.
¿Cómo ves la música actual?
Hay cosas muy bien hechas, pero ya no producen el impacto que generó escuchar por primera vez Sgt. Pepper’s. Sinceramente creo que estamos en el final de un período muy rico. Yo soy producto de la cultura rock y me formó profundamente, pero eso no puede durar para siempre. Estoy esperanzado en que haya un cambio en la sociedad y en la cultura. A partir de ahí aparecerán nuevos elementos artísticos que nos amplíen el campo de comprensión del mundo.
Argentina
¿Cuál es tu visión sobre el estado de las cosas en el país?
Lo que no me gusta es lo que está pasando con los argentinos. La pauperización de la cultura y de la educación es muy peligrosa porque disminuye nuestra capacidad para entender quiénes somos. Creo que en los años de plomo perdimos una parte muy rica de la juventud argentina. Eso sigue teniendo consecuencias. Pero también creo que hay una enorme capacidad de reconstrucción. Estoy esperanzado en que haya un cambio en la sociedad y en la cultura y que de allí surjan nuevas formas artísticas y nuevas maneras de comprender el mundo.
Epílogo
Leídas hoy, estas palabras resultan sorprendentes. El Indio todavía no había realizado ninguno de los conciertos multitudinarios que marcarían su carrera solista. Aún no existían los rituales de La Plata, Tandil, Mendoza u Olavarría. Tampoco Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado eran la maquinaria artística que terminarían siendo. Sin embargo, muchas de las ideas que marcaron su camino ya estaban presentes: la defensa de la independencia creativa, la búsqueda permanente de nuevas formas de expresión, la desconfianza hacia la comodidad artística y la convicción de que ninguna etapa cultural es eterna. A más de dos décadas de aquella mañana en Parque Leloir, esta entrevista recuperada del archivo histórico de Recorplay me permite escuchar nuevamente la voz de un artista que, incluso en el comienzo de una nueva etapa, ya estaba pensando mucho más allá de su tiempo.

Detrás del sonido de una nueva etapa
En esa transición luego de los Redondos el ingeniero Eduardo Herrera seguía vinculado profesionalmente con el universo creativo del Indio, participando de una etapa fundamental en la construcción de ese nuevo sonido. En una entrevista realizada por Recorplay, Herrera recuerda el proceso de producción en uno de los proyectos musicales más importantes de la Argentina. Próximamente leé también la entrevista en nuestra Web.
