junio 8, 2026

Fernando Nalé: “El Indio nos regaló la banda de alguna manera”.

7 minutos de lectura

Por Luis Mojoli.

Hay músicos que construyen una carrera. Y hay otros que terminan convirtiéndose en testigos privilegiados de distintas épocas de la música argentina.

Fernando Nalé pertenece a ese segundo grupo. Su historia conecta universos que para muchos parecen lejanos: el funk, el hip hop de Illya Kuryaki and the Valderramas, la búsqueda sonora de Gustavo Cerati y la potencia popular de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado.

Pero escucharlo hablar permite descubrir algo más profundo: para él todo forma parte de una misma historia. En esta charla con Recorplay, Nalé recuerda cómo Martín Carrizo lo acercó al universo del Indio Solari, reconstruye el nacimiento de Los Fundamentalistas sin el Indio sobre el escenario, habla de sus primeros bajos, de sus años junto a Cerati, de la importancia de las canciones y de un nuevo presente que también incluye producción artística y material solista.

“Yo me siento un embajador de la obra del Indio”, dice en un momento de la entrevista.

La frase resume perfectamente el espíritu de una conversación que atraviesa más de tres décadas de música argentina.

«El Indio nos regaló la banda»

Los Fundamentalistas sin el Indio sobre el escenario ya son una realidad consolidada, pero el origen de todo estuvo vinculado a un momento muy difícil: la enfermedad de Martín Carrizo.

¿Cómo nació realmente esta nueva etapa?

Todo arrancó con el show que hicimos para recaudar fondos para el tratamiento de Martín. A partir de ahí el Indio se copó mucho con la idea. Él ya había tomado la decisión de no volver a presentarse en vivo después de Olavarría, pero cuando vio lo que pasó con ese concierto nos dijo que la banda tenía que seguir tocando. Nos decía que no existía otra banda que sonara así y que valía la pena que continuáramos

¿Sentís que ese concierto terminó funcionando como una especie de prueba de concepto?

Sí, totalmente. La idea ya había aparecido antes, pero nosotros tampoco nos animábamos. Una cosa es que te tiren una propuesta y otra muy distinta es decidir hacerlo. Después del show por Martín quedó demostrado que podía funcionar y ahí el entusiasmo del Indio encontró un respaldo concreto.

En algún momento dijiste una frase muy fuerte: “El Indio nos regaló la banda”. ¿Qué significa exactamente?

Que nos cedió algo muy valioso. Obviamente nosotros no hacemos nada importante sin consultarle. Es su obra. Pero nos dio la posibilidad de seguir adelante con ella. Yo siempre digo que me siento un embajador de su obra.

¿Qué participación tiene hoy el Indio en el proyecto?

Está al tanto de todo. Hay un diálogo permanente. Sobre todo a través de Pablo Sbaraglia, Gaspar Benegas y Baltasar Comotto, que son quienes tienen el vínculo más fluido con él. Nosotros le consultamos las ideas, los conceptos, la puesta, las propuestas artísticas. Hasta ahora siempre estuvo de acuerdo y nos apoyó muchísimo.

(NdR: nota anterior al fallecimiento del INDIO)

¿Cómo fueron resolviendo algo tan complejo como repartir las voces de canciones que el público asocia inevitablemente con el Indio?

Fue muy natural. Cada uno fue acercándose a las canciones que sentía más propias. Algunos ya venían cantándolas en otros contextos. También fuimos probando y escuchando qué le quedaba mejor a cada uno. La banda terminó encontrando un equilibrio bastante orgánico.

¿Recordás cuándo sentiste que el proyecto había dejado de ser una experiencia puntual para convertirse en una banda con vida propia?

Con su amigo, Martin Carrizo.

Creo que fue progresivo. Primero estuvieron los shows de Malvinas Argentinas en marzo de 2020, apenas unas semanas antes de la pandemia. Después vino todo lo que vino, pero cuando regresamos vimos que el proyecto seguía creciendo. Los conciertos en el Estadio Único de La Plata fueron una confirmación enorme. Ahí sentimos que el público había hecho suyo el proyecto.

Martín Carrizo, Cerati y el camino hacia el Indio.

Tu llegada a Los Fundamentalistas también estuvo vinculada a Martín Carrizo. ¿Cómo fue esa convocatoria?

Martín había sido compañero mío en la banda de Gustavo Cerati. Un día me llamó y me preguntó si quería sumarme. Obviamente dije que sí. Entré inicialmente para grabar El Ruiseñor, el Amor y la Muerte. La primera experiencia fue prácticamente una audición informal dentro del estudio.

¿Cómo fue conocer al Indio en ese contexto?

Muy natural. Muy cálido. Estuvimos trabajando varios días, grabando, escuchando material. Él fue viendo lo que yo podía aportar y así se fue dando todo. Después llegaron los ensayos para Tandil y el debut en vivo.

¿Qué significó para vos ese primer concierto con Los Fundamentalistas?

Fue impresionante. Tandil fue una experiencia épica. Había una cantidad de gente increíble y era mi primer show con la banda. Son momentos que uno no olvida más.

“Tocar al Indio me resulta familiar”

Venías de trabajar con Cerati y de una historia muy fuerte con Illya Kuryaki. ¿Qué tan distinto fue ingresar al universo musical del Indio?

Tiene cosas distintas, pero también muchas familiares. Yo crecí escuchando Soda Stereo, Los Redondos, Sumo, Virus, Fricción, Don Cornelio, Charly, Spinetta. Todo eso forma parte de mi formación. Entonces tocar canciones del Indio me resulta cercano. Tiene que ver con mi ADN musical.

Da la sensación de que para vos todos esos mundos forman parte de una misma historia.

Sí. Absolutamente. A veces se habla de esas escenas como si fueran opuestas, pero para mí son parte de la misma cultura musical. Yo siento que pertenezco a esa gran familia del rock argentino.

El bajo como destino.¿Recordás el momento exacto en el que decidiste que el bajo iba a ser tu instrumento?

Sí. Fue viendo a Duran Duran. Yo era muy fanático de la banda. Veía los videos y no entendía qué era ese instrumento. Sabía que no era una guitarra, pero tampoco entendía cuál era su función. Hasta que escuché “Union of the Snake” y entendí que el bajo dialogaba con la voz. Ahí me fascinó. Mi viejo me compró en 1987 mi primer bajo, recuerdo que era negro y me encantaba. Con ese bajo empecé a estudiar y a viajar una hora en colectivo para tomar clases con Guillermo Vadalá. Guillermo fue fundamental. Yo estaba enamorado del instrumento y de la música. Todo pasaba por ahí.

Illya Kuryaki y el salto profesional

¿Cómo llegaste a Illya Kuryaki and the Valderramas?

También a través de Guillermo Vadalá. Dante y Emmanuel estaban armando la banda para presentar el primer disco y necesitaban un bajista. Guillermo me recomendó y me llamaron. Así empezó todo.

¿Qué encontraste en esa banda?

Una libertad enorme. Era una propuesta fresca, distinta, que mezclaba funk, rock, hip hop y un montón de influencias. Nosotros éramos muy jóvenes y teníamos ganas de experimentar.

¿Cuál fue el gran aprendizaje de esa etapa?

Aprender a tocar para las canciones y entender que la identidad vale más que cualquier moda.

Gustavo Cerati: el compositor y el guitarrista. Después llegó Gustavo Cerati.

¿Qué te sorprendió más de él como músico?

La relación que tenía entre composición e interpretación. Cómo se interpretaba a sí mismo a través de la guitarra. Eso siempre me fascinó.

Grabaste discos fundamentales de su carrera solista. ¿Cuál fue la experiencia más fuerte dentro del estudio?

Ahí Vamos. Fue el disco más hecho en banda de todos los que grabé con Gustavo. Ahí sentí que la interacción entre los músicos era muy importante.

¿Hay algún momento puntual que recuerdes especialmente?

Sí. Cuando grabé “Crimen” y “Uno Entre Mil”. Hubo tomas que quedaron prácticamente de primera. Cuando terminamos de escuchar algunas de esas grabaciones no lo podía creer.

¿Y cuál fue el mejor show de esa etapa?

El Pepsi Music de la gira de Ahí Vamos. Veníamos de tocar por toda Latinoamérica, Estados Unidos y España. La banda estaba en un momento increíble. Muy aceitada y muy feliz.

El presente: producción y “El Conmutador”. En los últimos años también comenzaste a trabajar como productor artístico.

¿Cómo apareció esa faceta?

Fue algo natural. El año pasado produje el disco de Hernán Laguna, un artista boliviano. Fue mi primera experiencia formal como productor y la disfruté muchísimo.

Paralelamente estás presentando nuevo material propio

Sí. Acabo de terminar El Conmutador, que es probablemente el disco solista del que más orgulloso me siento.

¿Por qué?

Porque encontré una unidad que antes no tenía. Las canciones dialogan entre sí, las letras tienen una relación más clara y siento que encontré una identidad más definida.

¿Cómo definirías el álbum?

Es un disco de canciones, pero también es un disco muy volado. Lo que más me gusta es justamente eso: el vuelo. La sensación de que las canciones pueden llevarte a otro lugar.

¿Y de dónde surge el título?

De una experiencia muy profunda que tuve hace algunos años. Sentí que muchas cosas de mi vida estaban conectándose. Como si estuviera conmutando elementos distintos para generar algo nuevo. Ahí apareció el concepto y el nombre.

Mirando hacia adelante. Después de tocar con Illya Kuryaki, Gustavo Cerati y Los Fundamentalistas, de grabar discos históricos y de comenzar una nueva etapa como productor y solist .Qué es lo que sigue entusiasmándote de la música?

La posibilidad de seguir descubriendo cosas. De seguir viviendo experiencias nuevas.

¿Hay algo de todo lo que viviste que te gustaría repetir?

No. No viviría nada nuevamente.

¿Nada?

No. Viviría otras cosas. Porque lo interesante nunca fue repetir el pasado. Lo interesante es seguir encontrando algo nuevo para hacer. Y mientras eso exista, la música sigue teniendo sentido.

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