abril 4, 2026

Vasken Bezazian (EMBA): “Si querés trabajar de músico tenés que saber lo que hace falta saber”

13 minutos de lectura

Entrevista: Luis Mojoli

Recorplay Música dialogó con el director académico y fundador de la Escuela de Música de Buenos Aires (EMBA). La institución, fundada en 1993, ofrece títulos de nivel superior en música, sonido, grabación, producción musical, música electrónica y multimedia, cubriendo todos los aspectos de la actividad musical actual.

Durante la entrevista con este medio, realizada en el marco del PC MIDI Tour en escuelas de música, Vasken Bezazian repasó sus inicios en la música, contó cómo fue la génesis de la EMBA, recordó anécdotas junto a Pat Metheny y Pedro Aznar, analizó el estado actual de la escena musical y sus nuevos exponentes y razonó: “Tenemos que estar pegados a lo que la industria hace”.

Geoff Emerick en la EMBA

Haceme brevemente un resumen de cómo empezaste en la música.
La verdad es que es algo muy difícil, son 40 años. Yo no tenía ni idea cómo iba a hacer, tenía 25 años. Sí tenía una buena formación musical, un título, había estudiado guitarra en serio. Pero con las limitaciones de la época: lo único que había en ese tiempo era la formación clásica. Llevó tiempo que se establecieran las cosas como son ahora. Mi primer laburo fue con un conjunto de folclore, Huancara, que todavía existe. Me llaman a tocar la guitarra ahí y teníamos un trabajo en la tele, era la primera vez que me iban a pagar por tocar. Tenía que tocar zamba, chacarera, huayno. Me pasé toda la noche orejeando eso.

¿Y qué pasó entonces?
Me pasé toda la noche pensando “¿cómo puede ser que tengo título de conservatorio y no tengo formación en esto, ¿cómo es posible que no sepa lo que es un huayno”? Si querés trabajar de músico, tenés que saber lo que hace falta saber. Esa fue la semilla que me dijo qué es lo que había que enseñar. Otra anécdota la tuve en el examen final de música de cámara en el conservatorio: escribí un tema de Chick Corea con Return To Forever, “No Mystery”, a dos guitarras junto a un amigo. Lo presentamos como la pieza de cámara que estábamos haciendo. Lo tocamos y el profesor nos dijo: “No, no, acá no venimos a musiquear. Esto es música de cámara”.

Dave Weckl en la EMBA

Era la mentalidad de la época.
Claro. Bueno, después empecé dando clases. Una chica me dijo: “¿Tenés onda para esto, querés asociarte conmigo?” Y así comencé. Al año me dijeron “Quedate con el contrato de alquiler” y se fue ella con su familia. Así que quedé solo y llamé a todos mis amigos músicos: “¿Che, no quieren enseñar?”. Y así empezamos a dar clase. Habíamos alquilado un petit hotel en Cuba 1887, Cuba casi Sucre.

¿Cuánto tiempo estuvieron ahí?
Desde el 86 hasta el 98. En 1991, en medio de la crisis argentina, dije: “Che, o hacemos bien esto o lo cerramos”. Junté a los docentes y dije: “Acá en Argentina no hay un lugar que dé clases de música con seriedad sin enfocarse en el repertorio académico europeo, sino enfocándose en cualquier música”. La seriedad no viene del repertorio, viene de cómo hacés las cosas. En esa época era todo música clásica o jazz. Entonces pensé que lo que teníamos que hacer eran planes de estudio que abran los géneros para lo que sea y que tengan reconocimiento oficial para que un tipo, en vez de estar 10 años en un conservatorio, pueda estar cinco y ahí salir a laburar. En aquel momento armamos un plan de estudios con muchos amigos que colaboraron. Luego fui al Ministerio de Educación de la Nación…

Julia Zenko en la EMBA

No había una carrera de músico en esa época.
No, solamente estaba el conservatorio para el tipo que quería tocar Chopin. Como te decía, me pasé un año “fatigando” los pasillos del Ministerio de Educación. Y lo loco es que me dijeron: “No podemos aprobar esto porque blues y rock no son palabras en español”. Increíble. Tenía discusiones bizantinas. Finalmente, después de muchísimo laburo, terminé consiguiendo la firma del Ministro de Educación de aquella época que autorizó el plan. Así que en 1992 o 1993 entró la primera camada de alumnos, que eran quince. La carrera era de Músico Profesional, tenía especialidades en guitarra, bajo, batería, canto, etcétera. Estaba planeada en 6 años, porque si no, no me la aceptaban. Así empezamos a dar clase. En esa primera camada estaban Osvaldo Mendelsohn, Ale Castellani, Santiago Castellani, etcétera. Mientras dábamos clase, nos planteábamos: “¿Quiénes somos nosotros para decir lo que hay que estudiar?” Yo sabía qué es lo que no funciona, pero no lo que sí funciona. Pensé: “¿Quién está en la música popular que tenga formación y sea músico popular?” Pedro Aznar.

Pedro Aznar y alumnos en la EMBA

Un señor músico.
Totalmente.  Él había vuelto a la Argentina después de tocar con Pat Metheny. Lo fui a ver y le dije: “Che Pedro, estoy haciendo esto, pero me doy cuenta de que no tenemos con qué: necesitamos capacitarnos”. Y él dijo: “Traéme al plantel docente y hagamos un disco. Que se formen en la profesión”. Agarramos un tema de Fito Páez y lo hicimos en ritmo de rock, de tango, de jazz y más. Es decir, la misma banda de profesores interpretando distintos géneros. Así que fuimos a grabar el disco, completamente financiado por mí. Le dije a Pedro: “Vos tenés roce internacional, pero nosotros no”. Es decir, había muchos pibes en Buenos Aires que no entendían cómo era la profesión en el mundo. Así que le dije que necesitábamos traer a los de afuera para que nos muestren cómo es. Ahí empezó la odisea que viniera Pat Metheny. En ese momento me costó 7000 dólares, lo cual incluyó costear la llegada de Pat y hacer capacitación docente. La verdad es que después de lo de Pat me levanté una mañana sin un mango, sin saber cómo seguir y diciendo “¿Ahora qué?”. Todo en esa época fue invertir y remar.

Y luego surge la idea de hablar con Berklee, ¿no?
Exacto. Me fui a Boston y tuve una reunión con Gary Burton, que en ese momento era uno de los jefes, y Lee Eliot Berk, que era uno de los dueños. Berklee se llama así porque el dueño era Lee Berk, cosa que descubrí ahí. Me pidieron una millonada de dólares para hacer un acuerdo y yo dije: “Esperá, los ricos son ustedes y los pobres somos nosotros”.  La cuestión es que estando en Boston, me crucé con un tipo en un pasillo que era profesor y me dijo que le encantaría ir a la Argentina. Le dije si quería venir. Yo no sabía ni quién era. Dave Frank se llamaba. El tipo, alumno de Lennie Tristano, se vino y se pasó una semana tocando corcheas con swing con todo nuestro equipo.

Más tarde también reparaste en el hecho de que no había una carrera profesional de ingeniero de grabación. Contame sobre eso.
Sí, no había formación específica, era todo amateur. Yo ya sabía cómo hacer planes de estudio y diseñé el primer plan de estudios oficial de Técnico Operador de Sonido y Grabación que se hizo en la Argentina. Tiré la carrera a la cancha, puse un aviso en el Suplemento Sí de Clarín y me llamaron sesenta personas para anotarse. Ahí me di cuenta: “Es por acá”.

Living Colour en la EMBA

¿Y qué pasó después?
Mirando el diario apareció este edificio, que es en donde estamos ahora, en un remate. Fui al remate, sin tener mucha idea. En esa época por suerte había estabilidad y crédito. Así que junté a toda la familia, fuimos al remate, ganamos, salimos y compramos. El día que tomé posesión nació mi segunda hija. Después vino el tremendo trabajo de instalarse, acustizar, construir, acomodar. Un baile tremendo. Pero me di cuenta cómo era este asunto.

En otra etapa posterior inauguraron el auditorio con Pedro Aznar.
Sí, y luego empezamos a hacer clínicas de grabación y producción con él. Eso conllevó otra vez formar al equipo y que todo el mundo aprenda cómo se trabaja en la industria. En definitiva, nadie sabe lo que hay que hacer, pero hay un estado de cosas de la industria. Y vos en una institución tenés que asegurarte de que el pibe se vincule con el estado de cosas de la industria, para que después lo aplique ahí. Después está la vida, así que ahí no sé, llamemos a un gurú. Pero en la música está todo relacionado, somos vibración. El universo existe, porque hay una vibración vigente desde el Big Bang. No estamos enseñando la verdad filosófica-musical, sino que enseñamos a los chicos a insertarse en la industria. Lo cual no quiere decir que no tengamos un respeto enorme por los tipos que van por ahí. Al contrario, muchas veces los traemos acá para que se hable de eso también.

Pero la profesión es más sobre el lado empírico…
Exacto. El lado real del estado de las cosas. Tenemos que estar pegados a lo que la industria hace. La persona tiene que tener las herramientas.

¿Qué comprenden las instalaciones de la EMBA en la actualidad?
Son cuatro edificios, uno para cada especialidad. Uno para músicos, otro para los técnicos, operadores de sonido y de grabación, otro para los electrónicos y un cuarto edificio, acá la vuelta, donde hay computadoras, auriculares, controladores y software, para todo el mundo. No hay alumna o alumno que pase por la escuela y que no salga manejando un poco de todo eso.

¿Cuántas carreras se dictan aquí?
Son tres: Músico Profesional (Canto, guitarra, bajo, batería, piano y más, son como 8 carreras en una), la de Sonido, Grabación y Producción y la de Música Electrónica. Las carreras técnicas son de tres años y las referidas a instrumentos tienen una duración de cuatro años.

Si hacés la carrera de músico y querés pasarte a, por ejemplo, sonido, ¿cómo hacés?
Tenemos doble titulación. La persona que hace dos carreras, paga la mitad, y debe disponer de dos turnos para poder cursar. Pero le proponemos que haga eso al que tiene cabeza para las dos canchas. Hay mucho de eso y se abren las posibilidades de trabajo. Nosotros tenemos el orgullo de que haya venido acá Tomy Sainz, egresado de la institución, que fue baterista de Javier Malosetti, Huevo; después terminó con Ca7riel… Básicamente explotó su carrera.

Tomy Sainz estudió la carrera de Músico Profesional, entonces.
Sí. Una vez vino Javier Malosetti a brindar una clínica acá, lo vio y dijo: “Este es mío”. Lindas historias con Javier Malosetti también.

Javier Malosetti en la EMBA

Contame un poco sobre eso.
Yo a Javier lo conocía porque su papá, Walter, había tenido otra escuela de música. Walter era un divino y Javier estaba todo el día en su institución. La escuela de Walter cerró y le dije a Javier que viniera y armamos un montón de cosas, seminarios, grabaciones y más.

Y en el plano internacional, comenzaste a traer músicos. Después de Pat Metheny, ¿a quién trajiste?

Vino Chick Corea, quien era mi ídolo. En esa oportunidad el músico venía al país y Fernando Moya realizaba la producción del show. Esto fue en 1997. No había forma de llegarle a Chick, así que me fui al Teatro Ópera, vi el concierto y después no me fui: me quedé para ver si lo podía interceptar. Estaba ahí, tratando de que no me echen y empiezo a escuchar el piano. Chick acababa de dar el show y se puso a tocar de nuevo. Me senté en una butaca, ¡el tipo estuvo hasta las 5 de la mañana tocando! A esa hora no quedó nadie, se fue la producción, la seguridad, todos. Lo aplaudí yo solo.

Chick Corea en la escuela

Tremendo.
Ahí Corea se dio cuenta de que había alguien escuchando. Me acerqué y le pregunté: “¿Siempre te quedás a tocar después de los shows?”. Me respondió que no, pero que ese piano, en esa sala, ese día, sonaba increíble. Le dije que tenía una escuela y que me gustaría que viniera. Ahí me dijo: “Tengo libre hoy, justo también es mi cumpleaños”. Así que ahí, a las 5 de la mañana, me entero de que era su cumpleaños. El tipo se quedó tocando para festejar. Le dije: “Listo, venite hoy a la tarde”.  Eran las 7 de la mañana y yo no tenía un lugar ni piano ni nada para que Chick Corea diera la clase. Al mediodía ya tenía alquilado un espacio y ya había conseguido el piano.

Fue un momento histórico.
Sí, increíble. La verdad es que todos los tipos que pude ir trayendo eran todos ídolos míos, gente que escuchaba, que amaba cómo sonaban. No era solo “vamos a hacer una clase”. Había algo que me conectaba desde el amor por la música. ¡Vinieron John Scofield, Larry Coryell, Al Di Meola… todos los que admiraba!

John Scofield, durante una clínica

¿Quién te pareció el mejor de la nueva generación?
Jacob Collier, sin dudas. No se puede creer, toca lo que le pongas adelante. Es un inglés con ascendencia asiática. La descose con todos los instrumentos.

Mencioname algunos egresados de la nueva generación.
La bajista de Wos es egresada nuestra, el director artístico de Nicki Nicole también es egresado de la EMBA. Ca7riel y Paco Amoroso son pibes re talentosos que estudiaron música formalmente. Dentro de ese ámbito está Tomi Sainz. Esto es un cambio importante en la escena, porque hay un sustento académico.

Hoy el productor toca también. ¿Cómo ves eso?
Si vos sabés viralizar un video, hoy por hoy podés producir cualquier cosa. Tenés la llave de la industria. De cualquier industria, no solo de la música. Si agarrás un tema que te parece encantador, tenés que conectar las palabras para que hagan eco en la gente y utilizar las imágenes para que tengan sentido en TikTok. Para bien o para mal, el impacto en el artista es necesario. Antes tenías una empresa que hacía eso, ahora lo tenés que hacer vos.

Sí, y también cambió el paradigma de los estudios. Hoy la gente puede grabar en un estudio casero y hacerse famosa, como le pasó a Bizarrap.
Para mí el talento de Bizarrap es que sabe cuáles son los códigos de viralización. Entiende perfectamente eso.

Marcus Miller

¿Cómo ves hoy la escena de la música rock, la música con guitarras?
La cantidad de bandas que van creciendo y funcionando para mí no disminuyó. No Te Va Gustar llena estadios, Airbag también. Y a eso se suma Duki que llena también otro Recientemente fui a ver a System of a Down. El último disco que editaron fue hace 20 años y aún así hicieron un estadio sold out.

Actualmente hay acceso a un montón de recursos también. La información circula más rápidamente.
Mirá, el otro día tuvimos una muestra de industria musical y estaba el hijo del que hacía los videos del programa de Capusotto poniendo música. Era buenísimo. Vos cuando escuchás a un chico que tiene talento te das cuenta enseguida. Estoy seguro de que ese tipo en la casa tuvo acceso a un montón de música con los videos del padre. El verdadero músico tiene eso. Lo único que quiero remarcar es que, hoy en día Spotify es el veneno más grande, porque no sabés lo que estás escuchando, lo pueden truchar, no les dejan un mango a los músicos y encima invierten las ganancias de la empresa en armamento militar.

Hablemos sobre la relación de la EMBA con PC Midi Center. Contame un poco sobre eso.
Tenemos un vínculo muy fluido, en nuestras aulas hay docenas de productos de PC MIDI Center. Pensá que el principio, en los 90, los controladores MIDI eran una novedad. Cada tanto PC MIDI va renovando productos y trae marcas nuevas, como ahora sucede con Arturia, que es bien profesional. Recientemente nos llamaron para hacer un showroom para que los chicos conozcan y toquen. Fue una idea brillante de ellos.

Finalizada la charla, Recorplay Música accedió a la presentación de uno de los productos de PC MIDI en la EMBA. En primer lugar, pudimos conocer la placa de sonido LiveDock A20, una placa de sonido que está pensada para ser llevada a todos lados. ¿Por qué? Porque se alimenta con el propio celular. Tiene micrófono de línea y salida a auriculares.

Vasken Bezazian (Director de EMBA) y Guillermo Rodríguez (PC MIDI Center)

La interfaz de audio Synido Live Dock A20 es la herramienta ideal para músicos, creadores de contenido y streamers que buscan una grabación de audio clara y de alta calidad. Con una resolución de 24 bits/96 kHz, este dispositivo captura todos los matices de tu interpretación, garantizando un sonido preciso y sin interrupciones. Por otro lado, tiene conectividad Bluetooth 5.0. Podés conectar tu dispositivo móvil de forma inalámbrica para reproducir pistas de acompañamiento directamente a través de la interfaz. Es ideal para practicar, improvisar o streamear sin enredos de cables adicionales.

Por otro lado, se presentó el teclado sintetizador Astrolab de Arturia, que viene con más de 1000 ajustes preestablecidos integrados diseñados específicamente para presentaciones en vivo, y el kit de batería electrónica MIDIPLUS MD200 Ultra, la nueva línea de baterías de MIDIPLUS.

La MIDIPLUS MD200-ULTRA lleva la experiencia de la batería electrónica a un nuevo nivel. Con cinco cuerpos de malla que ofrecen una sensación acústica excepcional y cuatro platillos con capacidades de doble y triple disparo, este kit te brinda un control dinámico y una versatilidad sonora incomparables. Podés sumergirte en una vasta biblioteca de 525 sonidos, conectarte vía Bluetooth y explorar funciones avanzadas para llevar tu ritmo al límite.

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