abril 3, 2026

Pedrito Pasquale: «Dirigir no es controlar, es entender qué necesita la música en cada momento»

8 minutos de lectura

Entrevista: Luis Mojoli

Formado en el conservatorio, con más de seis años de estudio en instrumento y composición, Pedrito Pasquale construye hoy uno de los roles más complejos del vivo: traducir la música programada a una banda real. Su trabajo cruza dirección musical, arreglos y criterio en tiempo real, con proyectos como el Sinfónico de Trueno en el marco de Red Bull Symphonic, reconocido con el Premio Gardel, donde no solo se desempeña como guitarrista y director musical de la banda, sino que además trabajó integralmente en la transformación del repertorio de hip hop a un formato orquestal, y el desarrollo escénico de Cindy Cats.

En ese recorrido se da un punto clave: a partir del trabajo con Cindy Cats realiza los arreglos de -Dos edificios dorados-, lo interpreta en vivo junto a David Lebón y comienza a vincularse directamente con su obra; posteriormente llega la invitación de Patricia Oviedo (manager de Lebón) para sumarse como guitarrista de apoyo en los shows de Serú Girán por Lebón Aznar en el Movistar Arena. Actualmente, su trabajo se proyecta a escala internacional en el marco de la gira de Gorillaz, donde Trueno participa como artista invitado.

Venís de una formación clásica en el conservatorio. ¿Cómo aparece hoy esa base en tu forma de trabajar?

Entré a los 15 años y estuve mas de seis años estudiando en el conservatorio, haciendo instrumento y composición, en ese momento no tenía muy claro para qué me iba a servir todo eso, porque lo veía bastante alejado de lo que después terminó siendo mi realidad musical. Pero con el tiempo empecé a darme cuenta de que esas herramientas estaban todo el tiempo, sobre todo cuando aparecen proyectos más grandes o más complejos como el sinfónico, ahí aparecen cosas de escritura, de armonía, de orquestación, que en su momento parecían abstractas pero que terminan siendo completamente necesarias, hay herramientas que no sabés bien para qué son cuando las estudiás, pero que en determinado momento se te activan todas juntas.

Luis Mojoli (Recorplay Música) y Pedrito Pasquale

¿Cuándo sentís que pasás de estudiar a ser músico de vivo?
El quiebre aparece cuando entro a tocar en la banda de Sábado Bus, ahí me encontré con músicos que tenían un manejo muy fuerte del groove, del funk, del lenguaje más ligado a la música negra y me di cuenta de que yo no estaba en ese nivel, eso me obligó a cambiar la forma de estudiar, ya no era algo abstracto o académico sino algo concreto, tocaba, me equivocaba, volvía a mi casa y estudiaba porque sentía que no me alcanzaba, el vivo te pone en un lugar donde tenés que responder sí o sí y eso te forma de otra manera.

Hoy trabajás con música que muchas veces nace en la compu. ¿Cómo es ese proceso de llevarla al vivo?

Lo primero es entender muy bien el audio original, desarmarlo, ver qué capas tiene, qué sonidos son importantes y cuáles son los que definen realmente el tema, hay cosas que son parte del ADN y que no podés modificar demasiado porque si no deja de ser lo que es, después aparece el trabajo de traducir eso a la banda y ahí es donde tenés que tomar decisiones. No tiene sentido intentar reproducir todo lo que pasa en la computadora porque no funciona en un contexto en vivo, es más un trabajo de criterio que de cantidad, no se trata de tocar; todo se trata de construir un sonido con sentido.

En ese proceso aparece tu rol como director musical. ¿Cómo lo pensás hoy?

Es un rol que no tiene tanto que ver con tocar un instrumento sino con escuchar lo que está pasando en general, tiene que ver con organizar el show en tiempo real, las dinámicas, las entradas, la energía, es alguien que está atento a todo lo que pasa y que puede ir ajustando, a veces son detalles mínimos pero cambian completamente el resultado, ahí la música deja de ser individual y pasa a ser colectiva. Dirigir no es controlar, es entender qué necesita la música en cada momento.

PH: Mateo Palacios Corazzina

Uno de tus grandes proyectos fue el Red Bull sinfónico de Trueno. ¿Qué buscabas transmitir?

Quería incomodar un poco, proponer algo distinto. No hacer un sinfónico académico ni algo superficial. Fue un proceso largo de cinco o seis meses de trabajo en arreglos, la idea desde el principio era no caer en ninguno de los dos extremos, ni hacer algo demasiado académico ni algo donde la orquesta esté solamente de adorno. Había que encontrar un punto donde la orquesta realmente tenga un rol dentro del lenguaje del artista, que diga algo, también aparece la cuestión del público, si lo hacés demasiado técnico, perdés conexión y si lo simplificás demasiado, pierde sentido. Y en ese contexto el proyecto tuvo un reconocimiento muy fuerte incluyendo el Premio Gardel, lo que también marca que había una búsqueda que conectó tanto desde lo musical como con el público, si la orquesta no dice nada, es decoración.

Red Bull Symphonic con Trueno

Realizaste dos Tini Desk, uno con Trueno y otro con Nicki Nicole. ¿Qué cambia en formatos como el Tiny Desk?

Cambia completamente el contexto, no hay dónde esconderse, todo queda expuesto, cómo tocás, cómo suena la banda, cómo funcionan los arreglos, ahí la dinámica pasa a ser central, cada nota tiene un peso distinto, es un formato que te obliga a tocar mejor y a pensar mejor lo que estás haciendo.

En vivo, con Trueno

Cindy Cats generó algo muy particular dentro de la escena. ¿Qué creés que pasó ahí?

Arrancó sin expectativa, era un grupo de amigos tocando sin una idea clara de a dónde iba, después empezaron a aparecer decisiones más concretas como no anunciar invitados, usar el castellano, romper con la lógica del escenario tradicional, el formato 360 también viene de eso, de tocarnos entre nosotros, de mirarnos, eso cambia completamente lo que pasa musicalmente, cuando sacás la expectativa aparece otra música.

Hoy estás girando con Trueno y tocando en escenarios internacionales, incluso compartiendo contexto con Gorillaz. ¿Qué cambia ahí?

Cambia el contexto, pero no tanto el planteo: si el show está bien armado, funciona en cualquier lado. Lo que sí cambia es la percepción: afuera, la música argentina está muy bien vista y hay una recepción muy abierta.

Con David Lebón, en vivo

EL CRUCE GENERACIONAL DE ESCUCHAR A TOCAR

Pasaste de escuchar los discos de David Lebón a tocar con él y hacerles arreglos a -Dos edificios Dorados- con Cindy Cats y ahora estás invitado a tocar como guitarrista de apoyo en el concierto de Serú Girán por Lebón Aznar en el Movistar Arena. ¿Cómo se dio ese momento?

Fue bastante inesperado, yo venía saliendo de un show y en ese momento me llega un mensaje de Patricia Oviedo (manager) proponiéndome sumarme como guitarrista para un proyecto vinculado a su música. Fue una situación bastante inesperada porque no lo tenía en el radar y a partir de ahí empecé a meterme en su obra desde otro lugar, no solo desde tocar sino también desde trabajar los arreglos. Sí con Cindy Cats hicimos una versión de «Dos edificios dorados», que es un tema muy importante dentro de su repertorio, y el desafío era cómo llevar ese material a un lenguaje más actual sin perder lo que representa. Ese arreglo después también se trasladó al vivo, tocarlo con él, compartir escenario y ver cómo ese material vuelve a tomar forma en otro contexto, y ahí cambia todo porque deja de ser algo que escuchabas y pasa a ser algo que estás viviendo. Y más adelante se da lo de Serú por Lebón y Aznar, que termina siendo como una confirmación de todo ese recorrido.

Con David Lebón

La guitarra como herramienta conceptual.

Lejos de la visión tradicional del guitarrista que ocupa un rol meramente interpretativo, Pasquale construye su aporte desde una mirada integral. Sus arreglos buscan convivir con programaciones, pistas y secuencias, generando capas sonoras que amplían el espectro del show.

¿Cambió la forma de tocar guitarra en este contexto?

Totalmente. Hoy la guitarra es textura, es ritmo, es diseño sonoro. A veces cumple un rol más cercano al de un sintetizador o un sampler. Tenés que pensar el instrumento desde la producción, no solo desde la ejecución.

Armado de Tiny Desk de Nicki Nicole con Juan Giménez Kuj

También desarrollás Núcleo junto a Axel Introini. ¿Cómo funciona ese trabajo?

Núcleo es la productora que tenemos con Axel Introini y funciona desde un lugar bastante abierto, no hay roles fijos, cada uno aporta desde lo que tiene y las ideas van pasando de uno al otro, hay proyectos que arranca uno y los termina el otro y eso hace que el resultado sea mejor porque no queda cerrado en una sola mirada.

En el desarrollo de Cindy Cats, proyecto que funciona como un espacio de experimentación escénica y musical, compartió escenario con David Lebón, Dante Spinetta, Nahuel Pennisi y Luz Gaggi, entre muchos otros, consolidando una dinámica de cruces que amplía el lenguaje del vivo.

Con Dante Spinetta

En una escena donde la música en vivo se redefine constantemente, Pedrito Pasquale trabaja en un punto clave el cruce entre tecnología, lenguaje y banda real.

Ahí, la pregunta ya no es cuánto tocar.

Es cómo hacer que la música diga algo en tiempo real.

Una generación que redefine el vivo.

Pedro Pasquale representa a un perfil de profesional que crece junto al cambio de paradigma de la industria: músicos que producen, arreglan, programan y ejecutan con naturalidad.

El escenario actual ya no separa mundos. Lo digital y lo orgánico conviven. Y, en ese punto exacto de encuentro, aparece el trabajo silencioso de quienes hacen que la música funcione frente al público.

Porque, al final, el objetivo sigue siendo el mismo de siempre: que una canción suceda de verdad.

Esta conversación abre una primera capa.

LO QUE VIENE

En la próxima entrega, el foco se amplía a Pedrito Pasquale y Axel Introini juntos, profundizando en el trabajo de Núcleo, la producción, la dirección musical compartida y la construcción del sonido en vivo desde adentro del proceso.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Copyright © Todos los derechos reservados. | Luis Eduardo Mojoli.