Corvex: la travesía solista donde Corvata potencia su propia voz
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Por Hernán Rago
Tras más de tres décadas marcando el pulso del metal argentino con A.N.I.M.A.L, Carajo y Arde La Sangre, Corvata se anima a un viaje distinto: «Alto Viaje» su proyecto solista que mezcla potencia, Rock, Punk, Post Punk con estética Steampunk, sensibilidad analógica y una libertad creativa que nunca antes se había permitido. Con un disco acompañado por un poderoso arte visual, donde su voz se destaca como nunca antes, lleno de identidad visual, canciones cinceladas a mano y una banda sólida que empuja hacia adelante, Corvex aparece como un punto de quiebre y, al mismo tiempo, un renacer.

Foto: Ignacio Arnedo
Hernán Rago: Venís de una historia musical pesada: A.N.I.M.A.L., después la evolución con Carajo, más tarde Arde la Sangre, y ahora Corvex con el disco Alto Viaje. Si mirás ese recorrido, ¿en qué sentís que cambiaste como músico y como persona?
Corvata: En Alto Viaje siento que tengo una libertad personal total para hacer música desde mi propia idea, desde lo que a mí me dispara la inspiración tanto musicalmente como en lo que quiero decir. Son historias de vida, más íntimas, más naturales, cosas que nos pueden pasar a todos: amor, desamor, alegría, tristeza, agradecimiento… y también ese ejercicio diario de corregir lo que uno hace mal. La gran diferencia hoy es la madurez. Llevo más de 20 años siendo padre, mis hijas ya son grandes, tengo 30 años de una relación estable con su mamá, y entonces veo el éxito desde otro lugar; no en términos de llenar lugares o convocar gente, sino como un logro interno que trato de plasmar en la música.
HR: ¿Cómo fue ese proceso de ir puliendo tu manera de componer y de entender la potencia, desde el golpe directo de los ‘90 a este sonido más moderno y balanceado?
C: Yo siempre vi la música más o menos igual. En la adolescencia buscaba sonar más duro, más agresivo, lograr esa fuerza, esa contundencia. Con los años, eso se fue acomodando y sumando otras cosas. Cada proyecto tuvo su estética, su norte, pero la música siempre nació de la inspiración y de lo que uno siente. Hoy la evolución pasa por ir más profundo: como artista y como persona. Tener más conexión interna y hacer que la música tenga fuerza desde otro lado, no solo desde la distorsión, la velocidad o cómo le pegás a los instrumentos, sino desde una contundencia más sutil, emocional. Sorprender desde otras emociones que también pueden ser igual de fuertes que el metal.
HR: A.N.I.M.A.L. tenía ese fuego crudo; Carajo era más emocional; Arde la Sangre encuentra un punto medio entre fuerza y claridad. ¿Qué buscás en Corvex?
C: La búsqueda en Corvex no es tan premeditada. Nace desde la inspiración pura: melodías de voz con guitarra acústica para darle forma, y después aparece la banda eléctrica. La esencia es rock, pero tiene un espíritu más blusero, más cancionero, a veces experimental y hasta un toque psicodélico. No es agresivo: es emocional desde la melodía, sea triste o alegre. Las letras acompañan y hablan mucho de la vida, de los triunfos, de las derrotas, pero siempre con el amor como hilo conductor, ya sea desde la pérdida o desde el agradecimiento.
HR: ¿Sentís que este proyecto resume tu historia o es una cosa completamente distinta?
C: Para mí es algo distinto. Empezó tímido en 2020, antes de que se formara Arde la Sangre, con Volver a Nacer y Tregua, que tenían un aire más cercano a Carajo. Pero después aparecieron otras canciones y se abrió algo nuevo. Y ahí dije: bueno, si esto quiere salir, tiene que ser distinto a todo lo que hice. Hoy, incluso conviviendo con Arde la Sangre, siento que no tiene nada que ver. Cada proyecto tiene muy claro su estilo, su rumbo. Y Corvex se ganó un espacio propio, con otro público, otra sensibilidad. Aunque seguramente muchos del público del metal también se sorprenden para bien escuchando estas canciones.
El sonido y la grabación
HR: El disco suena impecable: pesado, moderno, con aire. ¿Dónde lo grabaron y cómo fue ese proceso?
C: Lo grabamos en Estudio Garra, de los hermanos Von Garra, y toda la producción fue de Alejandro Vázquez. Desde la preproducción le mostrábamos ideas y él ajustaba detalles. Después fuimos directo a grabar los cuatro tocando juntos, en vivo. Ale después trabajó el sonido de guitarras, bajo y las tomas de voz. Las voces las grabamos en dos sesiones largas, buscando siempre la mejor interpretación, la mejor toma. El disco es muy crudo: sin automatizaciones, sin grid en la batería, sin autotune. La energía está puesta en la grabación, en cada mic, en cada instrumento. Para mí eso es más del 50% del sonido del disco, y después Ale equilibró y mezcló todo para que suene claro, fuerte y agradable.
HR: Tu voz suena increíble: al frente, afinada, con garra. ¿Qué laburo técnico hubo detrás?
C: Es el mejor disco que grabé desde la voz. Me preparé mucho. Como no estoy gritando ni peleando contra una banda de metal, tuve que cantar más melódico, más relajado, buscar timbres y colores. Fueron meses de laburo con mi profe de canto. Le mostraba los demos a Ale y él me daba feedback: que no perdiera mi identidad, que mantuviera la actitud pero desde un lugar más tranquilo. Como todo debía quedar bien desde el principio, sin arreglos digitales, la voz tenía que estar perfecta en interpretación y en afinación. Canciones como Ángel, Viento y Marea o Los Pasos Perdidos fueron difíciles porque tenía que cantar relajado y sostener el clima sin exigirme de más.
HR: ¿Recordás la cadena de grabación de la voz?
C: Sí, porque soy fan de los fierros. Grabamos con un AKG C12 valvular—lo había probado en el EP Rompiendo Silencios y fue un antes y un después. Siempre grabé limpias con un AKG 414 y gritos con un SM7, pero el C12 tiene todo lo que mi voz necesita: cuerpo, presencia sin brillar de más, y una reacción hermosa según cómo te acerques. Pasamos por un pre Neve serie 500, y la compresión fue en mezcla con UAD. El Distressor lo uso mucho, pero acá no hizo falta. También me gustan el pre Petrungaro y el API serie 500, especialmente con el SM7 para un tono más agresivo. Y la combinación 414 + Petrungaro siempre rinde.
HR: ¿Tuvieron referencias sonoras o buscaron algo propio?
C: Evitamos referencias directas para no perder identidad. Pero escuchamos discos orgánicos, analógicos, mucho material de los 80 y cosas modernas de Beck que mezclan analógico con digital. Eso nos ayudó a entender colores, ambientes, baterías. En Los Pasos Perdidos fuimos a un audio distinto: grabé con un bajo acústico imitando un contrabajo y usamos un tambor Ludwig viejo para un color vintage. La batería del disco es una Ludwig del 69, que ya da un color antiguo. Igual, por más vintage que queríamos, al grabar bien y con buenos mics, suena bastante HD.

HR: En Carajo o A.N.I.M.A.L. tu voz era más cruda. ¿Qué cambió?
C: Empezar a cantar en Carajo fue durísimo. La vara subía disco a disco, y yo sentía que quedaba expuesto. La voz no es un instrumento que puedas afinar o cambiar cuerdas. Hay que educarla, entender dónde funciona y dónde no. Al principio me mandaba a grabar melodías más agudas que mi registro real, y me costaba afinar, controlar, todo. Gritaba muchísimo y no tenía matices. Era crudo, 100%. Con el tiempo aprendí a manejar otros colores. Hoy, con Corvex, siento que por primera vez estoy usando mi voz como corresponde, según lo que pide cada canción.
HR: Volvés a trabajar con Ale Vázquez. ¿Cómo se entienden?
C: Volver con Ale es una alegría. Somos familia: nuestras parejas, nuestros hijos, todos amigos. Desde 2018 que no trabajábamos juntos, y reencontrarnos en el estudio fue muy emotivo. Él siempre me alentó a hacer mi música, a no seguir modas y ser 100% yo. Y esta vez trabajar fue muy natural. El resto de la banda—Ale Zenobi, Matías Varela y Chapu Leiva—lo conoció por primera vez y quedaron fascinados, igual que nosotros en el primer disco de Carajo.
HR: ¿Qué aporta Ale que no encontrabas antes?
C: Su aporte hoy es más humano que técnico. Sí, el sonido final es increíble, pero lo que más influye es cómo acompaña al artista. Si llegás mal al estudio, te hace mates, charla, se interesa. Si hace falta, no grabás ese día. Él quiere que estés bien porque eso se escucha. También pone lupa en las letras: ordena, clarifica, cuida que cada verso diga lo que tiene que decir. Su sensibilidad humana mejora todo: la música, la interpretación, el audio.

Foto: Ariel Popiolek
HR: ¿Hubo algún hallazgo técnico que te volara la cabeza?
C: Esta vez fuimos a lo seguro, pero trabajamos mucho los rooms de batería. Probamos platillos y mics hasta encontrar una pareja de ribbons Coles 4038 que funcionara perfecto: cero estridencia, color justo, sonido “caro”. El resto fue estándar: Sennheiser 421 en toms, Shure 57 en el tambor, AKG D112 en bombo, condensers de piso. Guitarras grabadas con un 57 a cada lado: izquierda una Strat Custom Shop con un Fender Showman; derecha una Gibson SG con un Marshall 2000 estilo JCM800 y caja con Vintage 30. Steve Ray Vaughan a un lado y Malcolm Young al otro. Sencillo, directo, gigante.
Y el bajo acústico fue una sorpresa: funcionó tan bien en Los Pasos Perdidos y En Nuestra Canción que podría haber grabado casi todo el disco con ese instrumento. Solo en temas con mucho sustain no daba.
El costado visual
HR: Hay un laburo visual muy fuerte alrededor del disco: las tapas, los clips, la estética general. ¿Cómo nació esa identidad visual?
C: Siempre que hice algo con Corvex, desde el comienzo, la parte visual estuvo muy presente. Mi intención fue unir fuerzas con grandes artistas de lo gráfico, lo visual, lo audiovisual y lo estético. En el inicio, cuando hablaba de “volver a nacer”, surgió una especie de ícono, que es el muñequito animado del videoclip, una creación de Sabrina Motino junto con su marido, Seba López, quienes nos hacían los videos con Carajo en toda la última etapa, desde “Virus” y “Anti Amor” en adelante. En ese momento, en plena pandemia, les compartí mi primera canción solista, todavía sin mezclar, y Sabrina me dijo que imaginaba un video muy de ciencia ficción, algo animado, que le podía quedar muy bien. También estaba esa idea de no salir mostrando mi cara ni en el clip ni en la portada, quería que todo fuera arte y mucha imagen. Eso fue un gran disparador.

Después aparecieron momentos increíbles con “Flash Thrash”, la cuarta canción que hice y la primera junto al Chapu. Desde ahí él se quedó conmigo, pero en ese primer tema armamos toda esa estética de garage bien trashera. “Flash Thrash” fue grabado completamente con instrumentos hechos con materiales reciclados por Trash Instruments, la marca de Oscar Pérez, creador de esa idea. La batería, las guitarras, el bajo, los amplificadores: todo lo hicimos con Trash Instruments. Si no fue la última, habrá sido la anteúltima grabación que se hizo en El Pie antes de que lo vendieran y demolieran. Tiene mucha mística y mucho de lo visual y lo estético, que era clave para reforzar el concepto musical. Esa búsqueda siguió creciendo hasta llegar a este disco, donde con el Chapu nos metimos de lleno en encontrar un simbolismo, una idea que cruzara lo viejo con lo moderno. Estamos en plena era del microchip pero, sin embargo, la banda quiere llevar todo hacia lo antiguo, lo analógico, para que se pueda apreciar el valor real de cómo lo viejo funciona, como dicen en El Eternauta.
Así descubrimos el estilo de arte y diseño llamado Steampunk, surgido entre fines de 1700 y principios de 1800, que fue la primera imagen “moderna” que tuvo el ser humano en la Revolución Industrial. Bicicletas con alas que tomaban vuelo al pedalear, el auge de los motores a vapor, las locomotoras, los globos aerostáticos y las primeras ideas de lo que después sería el aeroplano, el avión o el ala delta. Para ellos el futuro era eso; nunca imaginaron el microchip. Su inocencia los hacía imaginar la evolución de lo que tenían en ese momento sin convertirlo en otra cosa: la rueda, la bicicleta, la madera, el hierro, el papel… todo dibujado a mano, con planos meticulosos. Esa estética fue inspiradora para todo. Y si bien hoy la realidad es otra, con inteligencia artificial, Photoshop, Premiere y contenido digital, la base estética del proyecto está totalmente inspirada en el Steampunk y llevamos esa idea también a la ropa y a la estética de los videos. En “Los Boludos”, donde manejo un camión Unimog, la idea era rescatar ese símbolo: ese camión tractor que atravesaba todo y funcionaba como una modernidad en su momento, usado para rescatar soldados en la guerra y trasladar provisiones. El video simboliza eso: yo manejando, reclutando a los soldados que son los músicos de la banda, y los cuatro yendo a tocar, a hacer nuestra canción, a salir de gira.
Los visualizers de YouTube los hizo Matías Ruggeri; los videoclips los realizó Penumbrart; y todo el diseño gráfico y la unión de las partes quedó a cargo de Gastón Portuese. La idea original fue del Chapu Leiva y mía.

HR: ¿Qué tan conectada está la parte visual con el mensaje de las canciones?
C: Está cien por ciento conectada. Le damos mucha importancia a lo visual y a la imagen, tratando de que la música gane fuerza con lo que uno está viendo y que haya una representación clara entre lo que se escucha y lo que se ve. Siempre hay un aire romántico de usar la mano de un artista, de sacar el jugo a la imagen desde ese lado, y también de que haya artistas cerca de la banda colaborando.
HR: Los videoclips tienen una producción enorme, con mucha intención fotográfica. ¿Te metés vos en esa parte o dejás que el equipo creativo juegue libremente?
C: En este caso estuve muy involucrado. Es la primera vez que propongo el cien por ciento de las ideas para los videos. Tanto en “Los Boludos” como en “Alto Viaje” y “Ángel”, que sale a mitad de diciembre y será el tercer videoclip, las ideas y el guion son míos. Al tener tan clara la canción y lo que quería decir, se me hizo fácil encontrar el concepto. Llevé todo a Penumbra porque confío mucho en él y él confía en mí. Nos fuimos un fin de semana al campo en Entre Ríos con todo el equipo y grabamos “Los Boludos” y “Alto Viaje”. Los chicos que aparecen son los hijos de mis músicos, el hijo de Penumbra y los hijos del Chapu, porque la idea era hablar de la inocencia de los niños conviviendo con la madurez de los adultos. “Alto Viaje” trata justamente de nunca perder al niño interior. “Los Boludos”, como te conté, tenía que ver con este proyecto que lidero, el Unimog como metáfora de la música y yo reclutando al resto para ir a pelear por el bien, algo así.
“Ángel” fue un desafío porque se me ocurrió hacer un video en una sola toma. Al Penu le encantó porque nunca había hecho uno así. Yo ya conocía un lugar llamado Huella, de mi amigo Marcos Pinci, y cuando lo vi imaginé todo. Lo guionamos, lo practicamos y recién ahí filmamos. La tercera toma fue la definitiva. Al ser una sola toma, había un espíritu de equipo enorme, todos trabajando desde la mañana, coordinados, cada uno sabiendo qué hacer. Fue muy divertido. Hay un simbolismo fuerte en ese ángel que aparece como un guardián que nos cuida, más allá de la fe: una musa, una presencia que guía. La canción habla desde una derrota, una historia de amor perdido, un desamor, una traición, pero siempre con esperanza. Ese ángel viene a traer un poco de esa esperanza.
Identidad y presente
HR: ¿Corvex te suena más a “nuevo comienzo” o a “continuación natural” de todo lo que hiciste?
C: Me suena más a un nuevo comienzo. Por primera vez pude animarme a ser yo el disparador de todo: la música, las letras. Siempre escribí las letras en mis proyectos anteriores, pero esta vez toda la música nace de mí y ahora, que ya somos una banda, ellos la enriquecen y la traducen. En el futuro seguro van a componer también, pero para mí esto es un punto de partida. Obviamente uno no deja atrás lo aprendido ni de dónde viene, así que en ese sentido también es una continuación. Pero es un comienzo para nueva música, nuevo estilo y para encontrar mi identidad sin importar si la canción es tranquila, rockera o movida. Se va dando naturalmente. Es la primera vez que todo nace de mí y soy yo el que pone la cara. Hoy somos una banda y me encantaría mantenerla. Ojalá ninguno se vaya y que sigamos tocando, porque eso va a consolidar cada vez más fuerte el proyecto y la identidad musical. Para mí es un punto de partida, sí, pero también un comienzo nuevo.
HR: ¿Qué te sigue moviendo hoy para hacer música pesada después de tantos años y tantos cambios en la escena?
C: Creo que las ganas de tocar metal siempre están ligadas a la adrenalina, la energía y la fuerza que se siente. Es un lugar de expresión donde uno saca broncas, enojos y muchas cuestiones sociales que nos toca soportar en Argentina. Si no tuviera la música, sería muy difícil, muy desesperanzador, una impotencia enorme. La música es un canal para desahogarse, para sacarse la mierda, como escribimos en el comienzo de Carajo. La música metal siempre tiene que ver con eso, es una cultura que te lleva a ese sentimiento. Ya es parte de mi ADN.

HR: ¿Cómo sigue el camino de este nuevo material y qué nos podés contar de esta banda nueva que armaste?
C: La idea es seguir haciendo música y sacando canciones para tener más repertorio e ir tocando de a poco. En 2026 vamos a presentarlo en Capital; estamos buscando el momento y el lugar, separando mis compromisos con Arde la Sangre para que no se pisen. Abril de 2026 parece un buen momento para presentar el disco. Mientras tanto vamos a seguir sacando videoclips y grabando canciones que quedaron afuera, quizás como singles. En verano también vamos a grabar el disco con Arde la Sangre, así que vamos a repartir el tiempo. Me gustaría que Corvex crezca orgánicamente, sin la presión comercial de tener que salir de gira por todos lados, sino mostrando el proyecto a medida que surjan lugares y propuestas, buscando escenarios que acompañen esta música. Los chicos están muy entusiasmados. La banda es Alejandro Zenobi en batería, ex La Gran Piñata; Martín “Chapu” Leiva en guitarra y toda la parte de síntesis y sonidos; y Matías Varela en guitarra y parte de la producción ejecutiva y organización. Salimos bajo el sello Numen Música, de Mariano Gotti, con distribución digital por Altafonte. Y ya tenemos todo listo para editar un vinilo a comienzos de 2026.
HR: ¿Cómo ves el panorama actual del rock y el metal en Argentina?
C: El rock y el metal siempre van de la mano y siguen creciendo, generando mercado, espacio y cultura. Quizás hoy no sea lo que está de moda y los pibes escuchen otra cosa, pero después cada uno elige la música que siente. El rock sigue siendo de los espacios más concurridos por adolescentes y adultos de todas las generaciones. Argentina es muy rockera. Veo mucho movimiento en el under, bandas con ideas indie, post punk o más rockeras. El rock nacional está lleno de artistas, cantautores, gente joven. También veo mucha fusión con folclore y rockeros cantando tango, como Florian, el hijo de Vicentico. Hay un espíritu rockero en todo lo que se hace. Aunque un artista sea urbano o de hip hop, hay mucho rock en su esencia porque es la escuela de este país. A la hora de poner un disco, la mayoría elige rock de nuestros próceres. Ese ADN está vivo.
HR: Y si tuvieras que definir en una sola frase qué diferencia a Corvex de todo lo anterior, ¿qué dirías?
C: Es difícil resumirlo en una frase, pero creo que Corvex tiene que ver con sacarse prejuicios, sentirse libre y buscar esa libertad de manera honesta, sin esperar nada a cambio. Todos los que hacemos música hace tantos años tenemos canciones guardadas que nunca salen porque no encajan en nuestras bandas o no nos animamos a mostrarlas. Corvex es libertad musical, libertad de expresión y animarse a experimentar, a correr riesgos, a ir a lugares nuevos. Es como un náufrago que divisa una isla desierta y grita “¡tierra!”, sabiendo que será el primer habitante y que esa isla le salva la vida. Después de treinta y tres años de tocar rock, metal, heavy, punk, alternativo, nu metal, todo lo que quise, hoy encuentro algo totalmente nuevo que me entusiasma y me da un lugar de pertenencia y de libertad musical.
Ficha técnica:
Producción e ingeniería de sonido: Ale Vázquez
Estudio de Grabación: Garra Estudio
Mastering: Daniel Osorio
Invitados:
Tery Langer: Guitarra Acústica
Ezequiel Garra: Piano Rhodes
Equipo Artístico:
Arte Visual y Diseño de tapa: Matías Ruggeri
Video: Penumbrart
Edición: Gastón Portuesi
Técnica:
Producción: Mural Session
Técnico: Charly Bek
Edición Fonográfica:
Numen Música
Publishing:
Warner Chappell Argentina
Prensa:
Gaby Sisti
